Poesía
de la desolación.
El King, adaptación
de la novela del
mismo nombre de
John Berger, es
una obra que conmueve
y moviliza mostrando
el universo de
seres desarraigados,
dejados de lado
por la sociedad.
Seres que buscan
y encuentran un
refugio en donde
hacer descansar
sus cuerpos y
sus almas llenas
de dolor, en un
edificio abandonado
regenteado por
una persona que
aparenta ostentar
un poder que no
tiene y es tan
desvalida como
ellos.
Habitan ese edificio
Vica y Vico una
pareja que sólo
se tienen el uno
al otro que van
desde el odio
y el ropreche
al amor y la compresión,
Malak que se encierra
en su mundo infantil
para escapar de
la realidad, Dany
un mal
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EL KING |
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contador de
chistes, Corina
una mujer a
la busqueda
de un papel
como extra en
algun espectaculo
o película
y el Barón,
el citado regente.
Entre ellos,
el King, se
mueve, piensa,
reflexiona.
Perro que ya
tuvo tantos
nombres que
ya ni los recuerda.
Perro al que
todos estos
seres le hablan
y se confiesan.
Perro que consuela,
alienta y compadece
a cada uno de
ellos. Perro
que guarda un
secreto amor
por Vica.
Las actuaciones,
escenografía
y luces se conjugan
para recrar
un mundo de
extramuros,
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desolado pero
no por eso despojado
de belleza.
La luces pintan,
no cabe decirlo
de otra manera,
el espacio despojado
cubierto por
placas de chapas
en el piso y
con un gran
panel aforo
hecho de collage
de diarios.
En un elenco
que dotó
a cada uno de
sus personajes
de humanidad
que conmueve,
se destaca la
labor de la
actriz Ana Cinkö
en el personaje
de el King.
Una labor que
raya la perfección.
Sus movimientos
y posturas corporales,
sus tonos y
hasta su respiración
hacen de su
perro una gran
creación.
Obra, dura,
sin concesiones
que pone el
foco, rescata
y eleva a los
más desposeídos
de nuestra sociedad.
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