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LEANDRA RODRÍGUEZ
Leandra Rodríguez
es una de las más destacadas
diseñadora de luces que actualmente
tiene el teatro independiente, como
así también, podemos
destacar sus trabajos en el circuito
oficial.
Estudió las carreras de Actuación
y Puesta en Escena, y como nos dice
en esta charla, lo que más
le gustaría es dedicarse de
lleno a la dirección.
Es integrante del equipo del teatro
“La Carbonera”.
En este momento podemos ver en escena
los siguientes trabajos: “Variaciones
Meyerhold” (Centro Cultural
de la Cooperación), “Ella”
(Teatro Payró), “Sr.
Nicodemo” (Espacio Ecléctico)
y las obras de La Carbonera: “Hotel
Melancólico”, “Antígona”,
“La música” y “Terapia”.
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| CT.
¿Cómo
fueron tus comienzos
en el diseño
de luces para espectáculos
teatrales? |
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LR. Yo
inicié la carrera
de puesta en escena en
la Escuela Municipal de
Arte Drámatico
y luego, como por casualidad,
surgió el tema
de la iluminación.
Mi deseo mayor es ser
directora y la iluminación
se interpone en el camino,
porque tiene que ver con
lo ligado a lo visual,
a la estética de
la puesta en escena. Así
es como me vinculo con
gente importante que hace
trabajos de iluminación,
como el caso de Rubens
Correa, que fue mi primer
maestro. Luego paso por
el Teatro del Sur y conozco
a Alberto Felix Alberto.
Entre Correa y Alberto
Felix Alberto aprendí
todo lo que sé
de iluminación.
Y también, entre
mis maestros, tengo que
nombrar a Jorge Marzari,
que lo conocí primero
como técnico en
el Teatro del Pueblo y
luego fue profesor mío
en la EMAD en la materia
iluminación.
CT. ¿Cómo
abordás un trabajo?
¿Te llamán
los directores, ya tenés
formado un grupo de trabajo?
LR. Tengo un socio que
es Nacho (Ignacio) Riveros,
muchos trabajos los realizo
con él. Nacho es
básicamente escenógrafo,
pero también diseña
luces y tenemos muchas
coincidencias.
En cuanto a los directores,
hay algunos que salgo
a pedirles que me llamen,
como el caso de Dora Milea,
Pablo Ruíz, entre
otros, que son los de
la Carbonera. Esto implica
que si los llamo para
trabajar con ellos en
un proyecto, voy a hacer
el trabajo aunque no haya
ni un peso, esto lo hago
con muy pocos.
En este momento tengo
muchísimo laburo.
No existe una manera de
trabajar, son miles. Están
los teatro oficiales que
te convocan, a veces es
el director el que te
llama. En el caso de Guachos
(en funciones en el Teatro
San Martín, dirigida
por Manuel Iedvabni) otro
iluminador iba a hacer
el diseño, pero
no sé que paso,
y un mes antes del estreno
me llamó el director,
que no me conocía.
En estos momentos tengo
la ventaja de que muchos
ya vieron algún
trabajo mío.
A mí me encanta
juntarme y hablar, tirar
ideas. Lo primero que
pregunto es quién
es el escenográfo,
quién es el vestuarista
y empezar a juntarnos
y si se puede armar una
propuesta en conjunto
para el director, mejor
porque si nos juntamos
todos los recursos se
multiplican. Igualmente
es muy difícil,
los tiempos son muy tiranos.
Los procesos son diferentes,
a veces se dan de manera
ideal, a veces no. Por
ejemplo, con Alberto Negrín
trabajamos mucho juntos,
y él me dejaba
espacios para artefactos,
porque ya me conocía
el estilo y sabía
donde yo iba a querer
poner algo.
CT. ¿Cómo
es tu método de
trabajo?
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LR.
Voy a los ensayos, mucho,
a todos los que puedo,
no necesariamente a los
ensayos generales, a mi
me gusta mucho ver como
se va creando. Y ahí
se me ocurre todo, ahí
con el actor, veo la escena
y la luz que va a tener,
no resuelta, pero sí
de donde tiene
que partir la luz. Después
cuando voy al teatro,
ahí está
la realidad, ver donde
están las varas,
si lo que pensé
puede ser o no.
CT. Lo que más
nos gusta y llama la atención
de tu trabajo es que es
netamente conceptual.
Esto se puede ver en “Antígona”
y en “Variaciones
Meyerhold”, por
ejemplo. Se ve la idea.
LR. Tiene que ver con
la puesta en escena, con
la cuestión espacial,
la luz es fundamentalmente
espacio. Hay obras con
escenografías descriptivas
de espacios y hay otras
obras que ni siquiera
tiene escenógrafos,
o escenografías.
Hay una cosa de aceptación
y negación del
espacio. No se toma verdadera
conciencia del espacio
en que vivimos, porque
todo tiene que ver con
todo y el estilo de vida
se refleja en las obras,
no otra cosa.
El tema del espacio me
obsesiona, es en lo que
estoy pensando todo el
tiempo. Cuando tomo una
obra para dirigir, pienso
en el espacio y con la
iluminación pasa
lo mismo.
Lo más gráfico
es hablar de la luz y
de la oscuridad, que son
términos que los
directores y los iluminadores
usamos
mucho. Y es por ahí
que se define que camino
tomar, si uno más
sinuoso o que se va a
ver y que no. Es una decisión
y podemos ir juntos a
elegirlas. Si la iluminación
cumple la función
de mostrar algo es porque
hay otra cosa que está
oculta. La develación
nunca es completa, ni
en la vida ni en el teatro.
Una obra de teatro no
tiene que necesitar iluminación,
tiene que verse con luz
de ensayo y romperte la
cabeza.
Eso me pasó con
“La Señora
Macbeth”. Fui a
los ensayos y ya estaban
trabajando con la idea
de la diagonal, que es
de Pompeyo (Audivert)
y sobre eso hicieron todo
el montaje. Y con “Variaciones
Meyerhold”, me pasó
un poco lo mismo. Cuando
veía los ensayos,
pensaba en la habitación
de ese hombre, el lugar
donde estaba confinado
y que al mismo tiempo
era un encierro que no
podía ser tal,
sino una apertura permanente,
un estallido permanente.
Inmediatamente me imaginé
cuadrados en el piso que
cambiaran de dimensiones.
Tuve miedo de que las
luces resultaran muy barrocas
con una cosa que tenía
que ser muy simple, solo
se trata de un hombre
diciendo todo lo que piensa
y siente. Sigo pensando
que la iluminación
de esta obra puede ser
medio barroca, pero a
mi igual me encanta.
CT.
Cuando llegás a
una sala ¿Primero
te fijas en los tachos
que hay y luego pensás
el diseño?
LR. Cuando hice el examen
de ingreso a la carrera
de puesta en escena, en
la mesa examinadora estaba
Guillermo de la Torre,
de esto hace más
de veinte años.
Teníamos que entregar
un proyecto de puesta
en escena sobre una obra
de autor nacional, elegí
“La isla desierta”
de Roberto Arlt, presenté
la idea en la mesa y dige
que “a lo mejor
lo que pensé no
se puede hacer”
y Guillermo de la Torre
me respondió: “eso
es lo que hay que imaginar,
no importa si se puede
hacer o no”. Eso
rigió . Cuando
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empecé
con el diseño de iluminación
cometí ese error; me surgían
ideas y más ideas y me
encontraba con que no había
nada, era desastroso. Desde entonces
hasta hoy hago un listado de los
artefactos de los que dispongo
y con eso voy a los ensayos. Sobre
todo en el teatro independiente,
porque no puedo perder el tiempo
soñando y luego no tengo
los elementos para llevar a cabo
las ideas. Hay otros casos en
que se alquilan los equipos necesarios,
y se puede armar la estructura,
pensar y elegir. Otro caso son
los teatros oficiales, donde hay
más material, pero hay
un límite, y ese límite
en los teatros oficiales es cada
vez mayor.
En los teatros independientes
se presentan varias obras en una
misma sala y hay una cantidad
determinada de material y hay
que pensar que el técnico
va a mover los tachos para cada
función, entonces tratas
de negociar un mínimo de
artefactos que no se muevan o
te ponés a fabricar.
Pocas veces los artefactos hogareños
son rendidores en escena, y los
cuarzos están baratos y
los hay de 500, entonces empezamos
a diseñar estos artefactos
que llamamos “cuarzos preparados”,
si se colocan a poca altura parece
un cenital. Los probamos en “Las
criadas” (en Espacio Ecléctico”),
todo el material que utilizamos
en el diseño fueron los
“cuarzos preparados”,
y nos dimos cuenta que creamos
los artefactos pobres y lindos,
y empezamos a fabricarlos.
CT. ¿El efecto de la
sombra de la reja sobre Antígona
(La Carbonera) está hecho
con los “cuarzos preparados”?
Está muy bueno el efecto
de la sombra de la reja sobre
el cuerpo de Antígona
LR. Llevamos a “Antígona”
los cuarzos, pero en La Carbonera
no rendía por un tema de
altura, solamente lograban efecto
sobre el filo de la reja, los
pusimos de contra y de frente,
calculando donde estaría
la reja estacionada. La reja y
la luz llegaron al final del proceso
y fue un efecto impresionante,
ese al que te referís,
cuando bajó la reja, no
estaba previsto que pasara nada
de todo eso. Es el error que genera
un efecto. En todas las obras
hay errores que generan efectos
buenísimos.
Además, en La Carbonera,
el espacio tiene una ductilidad
propia. En “Antígona”,
y para llegar al concepto, fue
necesario rescatar el ladrillo
para asociar la obra con la época,
la de la tragedia. En cambio,
en “Hotel melancólico”
, lo que se tenía que resaltar
era el piso, hay una iluminación
pensada para ese patio.
CT. ¿Cómo lograste
un ambiente tan intimista en “La
música”?
LR. Ese fue Nacho (Riveros), no
fui yo. La escenografía
era muy luminosa. Hay tres artefactos,
dirigidos a los puntos que era
necesario reforzar. La obra es
hermosa y muy silenciosa entonces
decidimos no prender la alimentación
de electricidad que llega al equipo
de iluminación profesional.
Resignar esta alimentación
implica no prender los equipos
de sonido e iluminación
para conservar el silencio. Armamos
un sistema de teclas, como antiguamente.
Cuando vamos de gira con esta
obra estamos chochos porque simplemente
les decimos a los técnicos
¿dónde hay 220?.
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CT.
Para realizar un diseño
de luces ¿qué
diferencias hay entre el
ámbito oficial y
el independiente? |
LR.
En el teatro oficial hay una estructura
que es muy interesante. La diferencia
con el teatro independiente es abismal.
En el teatro oficial tenés
personal técnico a disposición
en cada área. Puede estar
bien o mal administrado, pero hay
una estructura importante al servicio
de lo que se va a hacer. Y por el
contrario, en el teatro independiente,
entrás a un espacio vacío,
estás desamparado y hay que
hacerlo todo, ahí aprendés
a resolver. Esa falta de todo luego
nos resulta útil cuando hay
de todo, que se da dentro de la
estructura oficial.
Por ejemplo en el Cervantes me encontré
con un personal muy idóneo
con una estructura que va en contra
de ellos mismos. El Cervantes es
el único teatro nacional
del país, contiene a los
únicos cincuenta empleados
técnicos nacionales. No los
representa nadie, ningún
sindicato, son considerados administrativos
y no son considerados como profesionales,
cuando son ellos los que tienen
la responsabilidad de sacar una
obra adelante. Con Nacho siempre
decimos que caminando por el Cervantes
nos sentimos caminando por La Carbonera.
En los teatros oficiales hay que
trabajar con el personal que hay
y que siempre está a favor
del trabajo, sólo hay que
ser prolijo en el momento de organizarlo.
En el Cervantes se trabaja mucho
mejor que en el San Martín,
por lo menos esa es mi experiencia.
CT. ¿Por qué?
LR. El San Martín es una
estructura más grande, más
inabarcable y también hay
mucho desgaste, cansancio, hay como
un hastío. Yo trabajé
siempre en el mismo espacio, en
la Cunill, donde no se mejora el
equipamiento, todo lo contrario,
empeora porque se estanca, esta
sala no avanzó, tiene una
consola manual, ya no se sabe de
que año, que, además,
no anda. Con el tiempo se fue mochando
y lo que se mocha no lo arreglan
más. Pero yo no tuve dificultades
en ninguno de los dos teatros.
CT. ¿Cómo ves
el teatro independiente, en cuanto
al crecimiento en los últimos
años?
LR. Me parece que más que
el crecimiento de los últimos
años es una constante que
no se detiene y nada lo detendrá.
Igual es raro porque tantas crisis
y siguen surgiendo salas, estudios
y actores, una locura. Lo que sí
hay que hacer es descentralizar,
salir más, salir del centro
y de las salas propias.
Con la Compañía Eh!,
que dirijo, hicimos un proyecto
que se llamó “En alta
mar”, primero lo presentamos
en La Carbonera, pero estaba ideado
para sacarlo a las plazas y en diciembre
del año pasado pudimos ir
a Villa Ballester y hacer cuatro
funciones en una plaza.
El teatro independiente debería
salir un poco, reencontrarse con
sus propios barrios.
Pienso que es mi obligación
no encerrarme en una cápsula,
sino romperla para que florezca
en cualquier lugar, en el más
árido, donde no haya nada,
aunque no sepas si te van a entender.
En el teatro independiente todo
siempre es a pulmón, ad honorem,
casi nunca vas a lograr vivir del
teatro independiente, pero es de
lo que te nutrís, para crecer
en el oficio, en la profesión.
Pero hay que salir, y conectarse
más con la gente, más
allá del ambiente teatral.
CT. ¿Qué significa
el teatro en tu vida?
LR. En el trabajo yo pongo todo,
si entran en mi casa se van a encontrar
con filtros. Yo soy la iluminación,
no corto. Es una decisión
invertir toda la vida en una cosa,
se elige, se pierde, se gana, se
arriesga. Siempre que uno arriesga
en la vida se gana, sino fuera así
te quedarías esperando que
algo pasara a rescatarte.
El teatro te rescata, el trabajo
te rescata, el oficio te rescata;
el teatro implica todas esas cosas.
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