“Volvió
una noche”
es una obra escrita
por Eduardo Rovner
y dirigida por
Alejandro Samek.
Trata sobre un
hijo al que se
le murió
su madre y cuando
va a visitarla
al cementerio
le cuenta como
va transcurriendo
su vida y que
en poco días
se va a casar.
La madre se sorprende
por esta noticia
y decide regresar
al mundo de los
vivos –donde
solo puede verla
el hijo- para
conocer a su futura
nuera. Lo cierto
es que el hijo
en sus visitas
le cuenta a su
madre lo que a
ella le hubiera
gustado escuchar
y no todo las
cosas que le dice
son ciertas, y
ella irá
descubriendo las
mentiras (tales
como que el hijo
no toca en una
orquesta de cámara
sino de tangos,
no es un destacada
cirujano sino
pedicuro, etc.)
Esta obra es una
típica
comedia de enredos,
con una estructura
de entradas y
salidas y de encuentros
y desencuentros,
no le falta el
toque sentimental
promediando la
puesta, ni el
final feliz y
conmovedor. De
diálogos
ágiles
e ingenioso y
movimientos coreografiados.
Norma Pons protagoniza
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Fanny, una madre
judía,
y está
muy bien en
su rol y lleva
todo el peso
de la responsabilidad
actoral de la
obra. Está
acompañada
por Daniel Marcove
(Manuel, el
hijo). El resto
del elenco está
acorde a los
protagonistas
y están
muy bien en
sus roles.
Por las características
de la puesta,
juega un papel
importante la
escenografía
diseñada
por Stella Iglesias.
La obra se desarrolla
en un departamento
de un ambiente,
con una puerta
aforo a la derecha
y otra a proscenio
a la izquierda.
Las paredes
que forman la
cámara
negra simulan
un empapelado,
están
realizadas con
telas tensadas
y tienen aberturas
por donde entran
y salen los
muertos (la
madre y sus
amigos vecinos
de tumba) como
atravesando
los muros.
El diseño
de luces es
el tradicional
a este tipo
de puestas,
con apagones
entre escenas
y marca climas.
La música
es grabada y
acompaña
los apagones.
“Volvió
una noche”
es un espectáculo
entretenido,
para pasar un
momento divertido.
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