Dos
hombres se interrogan,
se miden, se desafían.
Uno sagaz, inteligente
e inquisidor,
trata que el otro
hombre confiese
un delito y él
a su vez le confiesa
que cometió
un asesinato.
El otro hombre,
inseguro, luego
de confesarle
su delito y al
enterarse del
crimen cometido
por el otro, intentará
extorsionarlo.
Ambos debaten
sobre la honestidad,
la intencionalidad
de un delito,
sopesan que es
más grave:
una falsificación
y estafa o un
asesinato, analizan
si la culpa se
expurga en la
cárcel
o se vive siempre
con ella, cuál
es el verdadero
significado de
la palabra castigo.
Esta discusión
se desarrolla
dentro de una
aséptica
habitación,
con bibliotecas,
libros, sillas
y mesa de color
blanco. A la manera
de una Cámara
Gesell estos dos
hombres son observados
por los espectadores.
Pero hay alguien
más que
los observa y
los manipula,
evitando toda
descarga emocional
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PARIA |
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estos dos hombres.
Cuando ya las
palabras no
alcanzan, cuando
el frío
razonamiento
cede paso a
las emociones,
un fuerte sonido
y un cambio
de luces los
sacude, y retoman
el debate como
si nada hubiera
pasado.
¿Quién
los detiene?
¿Quién
los manipula?
Impactante enfoque
de esta obra
de Agust Strindberg.
La puesta creada
por Francisco
Civit coloca
al espectador
en la posición
de cómplice
de un experimento,
en el cual,
se maltrata
a dos hombres
con un fin no
muy claro. Hay
un juegos de
espejos. En
una habitación
dos hombres
hablan sobre
quien es culpable
o inocente,
fuera de ella
¿quién
es más
culpable? ¿El
que presiona
un botón
para provocar
dolor en ellos
o los ocasionales
espectadores
que no hacen
nada para evitarlo?
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Excelente planta
escenografica.
Ubica a los
espectadores
a una considerable
distancia de
la ventana,
por donde se
observan a los
hombres. La
distancia pone
a salvo y no
compromete a
nadie.
La iluminación
crea dentro
de la habitación
un clima artificial.
Y el sonido
sacude en cada
intervención.
Buenas actuaciones
de Francisco
Egido y Paul
Match.
“Paria”,
es una obra
que promueve
a la discusión
sobre diversos
temas inherentes
a la condición
humana. Strindberg
y la puesta
lo propones.
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