“Me
dio lástima
decirte que no”,
es una creación
colectiva con
coordinación
de dramaturgia
y dirección
de Bernardo Cappa.
La obra sumerge
al espectador
en un mundo extraño
y grotesco.
En una casa conviven
una familia compuesta
por un padre,
su pareja, una
hija y un hijo.
El padre, ex nadador,
todavía
sueña batir
un record de travesía
a nado, su pareja
añora épocas
pasadas, el hijo
saca fotos eróticas
a su hermana y
trata de emular
a su padre en
la afición
por la natación,
la hija hace gala
de una inocente
promiscuidad.
Esta familia recibe
la visita de un
joven con la misión
de medir la casa,
porque esta va
a ser rematada
por la falta de
pago de innumerables
impuestos.
La llegada de
este joven repercute
de distintas maneras
en los miembros
de esta familia:
ambas mujeres,
cada una a su
manera, intentarán
seducirlo; el
padre competirá
con él
en quien resiste
más tiempo
sin respirar y
el hijo lo retratará
en cuanto tenga
la oportunidad.
El joven, por
su parte, se entregará,
en un principio,
mansamente a las
distintas propuestas,
hasta que en un
estallido, con
aire de arte marcial,
tratará
de poner orden
a ese caos proponiendo,
entre otras cosas,
que |
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ME DIO LASTIMA
DECIRTE QUE NO |
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pongan al día
sus impuestos
para evitar
el remate de
la casa. Propuesta
que cae en saco
roto, debido
que a los componentes
de esta familia
parecen no darse
cuenta o niegan
la situación
en que se encuentran.
Personajes encerrados
en su propio
mundo, en sus
deseos frustrados,
en su pasado-
al parecer mejor
que este presente-
y en su hoy
sin futuro.
Para los miembros
de esta familia
el mundo exterior
le es ajeno.
Pero aun intentan
mantener algunas
costumbres,
como el de poder
ir a la pileta
o el agasajar
al recién
llegado con
una cena y poner
su mejor vajilla.
La negación,
el derecho a
modificar formas
de vida, el
individualismo
y la solidaridad
como punto de
partida de una
esperanza; son
temas excluyentes
en esta obra.
La actuaciones,
todas muy buenas,
ahondan en el
genero del grotesco
y no dejan de
lado cierta
ambigüedad
para algunos
personajes.
Esta muy bien
aprovechado
el hecho de
que el espacio
escénico
sea una pequeña
habitación
en una casa
de familia.
Dicha casa fue
recorrida previamente
por el
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espectador antes
de llegar a
donde se desarrolla
la acción.
Entonces se
tiene conocimiento
que la puerta
de adelante
a la izquierda
del espectador
da a un pasillo
que lleva a
la puerta de
entrada y la
puerta del fondo
también
a la izquierda
da a un comedor.
Coloca la obra
en un ámbito
real que contrasta
con la irrealidad
de las acciones.
Una heladera
en desuso puede
convertirse
en un set de
fotografía,
en un confesionario,
en refugio,
en escritorio,
en trampolín
y en el objeto
mediador para
unir a todos
tras un objetivo
en común.
Un diseño
de vestuario
detallista,
pone a la vista
el mundo interior
de cada personaje.
La iluminación
crea un clima
opresivo.
La obra podría
resumirse en
una escena:
un miembro de
la familia pide
ayuda al joven
para que le
solucione su
problema, ya
que le confiesa
que no pagó
los impuestos
de la casa porque
ese dinero se
los gastó
en viajes al
exterior y creía
que su bonanza
económica
sería
eterna. Metáfora
de un país
que siempre
escapa a su
realidad y espera
que alguien
de afuera solucione
sus problemas.
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