“...Y
el tonto se fue”
es una obra dirigida
por Walter Velázquez
y con dramaturgia
colectiva.
Trata sobre una
mujer joven que
regresa a su casa
natal para venderla
y se encuentra
allí con
los recuerdos
de su infancia
y también
con los fantasmas
de sus hermanos
muertos. El hermano
mayor, que hace
seis mil días
que se ha muerto,
tiene Síndrome
de Down. Este
personaje es interpretado
por Jorge Costa.
Realiza un trabajo
extraordinario
puesto que no
cae en burdos
estereotipos,
sino que el tema
de la enfermedad
es tratada con
absoluta responsabilidad
y extrayendo la
parte más
humana y tierna
del personaje.
Ana, que lleva
de muerta tanto
como el largo
de la bufanda
que va tejiendo
con los hilos
del tiempo, es
una niña
que juega, sueña,
baila, vuela y
es un fantasma
pleno de vitalidad
y a su vez, con
todas las emociones
que conlleva el
mundo infantil:
sus temores, mezquindades,
curiosidad, alegría.
Este personaje
lo desempeña
la actriz Julia
Muzio y es una
construcción
notable.
Laura,
a cargo de Natalia
Aparicio, es la
hermana que se
deja atrapar por
esos
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… Y EL TONTO
SE FUE |
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fantasmas y
les cuenta su
vida y se introduce
en la de los
hermanos, cumpliéndole
los sueños,
jugando y volviendo,
ella misma,
a la niñez,
con todo lo
que ello implica:
amor, celos,
reproches, juegos,
compartiendo
nuevamente un
mundo lejano,
pero siempre
presente.
Lo más
notable de esta
nueva obra de
Walter Velázquez
es que abarca
temas como la
muerte, el Síndrome
de Down y la
niñez
con humor y
desde una humanidad
sin solemnidades,
poniéndole
a esta creación
una mirada de
ternura, alegría
y dinamismo.
En esta obra
se logran imágenes
bellísimas
como el baile
de los fantasmas
utilizando luz
negra y por
lo tanto sólo
se ve el movimiento
de lo blanco
sobre el escenario.
El juego con
los objetos
y, sobre todo,
la utilización
de una puerta
que se desplaza
por la escena.
No falta la
guerra
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de los pasteles
(¿quién
no ha iniciado,
en su niñez,
una de estas
guerras, aunque
más no
sea con miguitas
de pan?). Todo
esto acompañado
por la música
y hay que destacar
la interpretación
de violín
en vivo y grabada;
y por el diseño
de luces que
es un constante
juego de los
hermanos muertos
que tienen el
poder de encender
y apagar las
lámparas,
solo con soplidos
como si fueran
velas.
“...Y
el tonto se
fue” es
la tercera obra
que presenta
Walter Velázquez
en este último
año y
medio (las anteriores
fueron “Aunque
la bruma”
y “Zapatillas
colgadas del
cable de la
luz”,
esta última
en funciones
en el teatro
Absurdo Palermo).
Este talentoso
artista despliega
un estilo muy
peculiar en
cuanto aborda
temas de enorme
profundidad
y siempre desde
el humor genuino.
De sus obras
trasunta mucho
trabajo y creatividad
desde todos
los elementos
que la componen:
dirección
de actores,
manejo de objetos,
no se descuida
ni las luces
ni el vestuario.
“...Y
el tonto se
fue” es
una obra de
gran dinamismo,
divertida, conmovedora
y que deja su
buena dosis
para la reflexión.
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