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ANA DURÁN
Es
co-directora de la revista “Funámbulos.
Los viudos de la certeza”, junto
a Federico Irazábal. Colaboradora
en las revistas Picadero (INT), Inrokuptibles,
Teatro (publicación del Complejo
Teatral de Buenos Aires). Fue crítica
del diario La Nación, columnista
del suplemento Vialibre. Estudió
en los talleres coordinados por los
directores Juan Carlos Gené,
Ricardo Bartis, Omar Pacheco y Angel
Elizondo. Actualmente está
al frente del proyecto: FORMACION
DE ESPECTADORES. DE LA ESCUELA AL
TEATRO.
La entrevista gira en torno a cómo
surgió las idea del proyecto,
cómo tomó forma y su
desarrollo. Luego se derivo a otros
temas, como los críticos y
los medios.
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CT.
¿Cómo
surgió
la idea de llevar
a estudiante secundarios
–adultos
y adolescente-
al teatro?
AD. Yo soy
profesora de Lengua
y Literatura,
y para mí,
el lugar a donde
tenía que
llevar a alumnos
era al teatro.
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Cuando
empezaba, hace aproximadamente
diez años, llevé
a mis alumnos a ver las
obras que a mí
más me interesaban,
que eran las del circuito
alternativo. Los llevé
a ver “Criminal”
de Daulte, “Los
días felices”
de Beckett, “El
planeta de los Melli”,
“Salsipuedes”
la primera obra de Ciro
Zorzoli.
Previamente a ir a ver
las obras trabajaba mucho
en clase con los alumnos.
Me di cuenta que había
una conjunción
con la estética
de las obras y su mundo.
Las obras que reflexionaban
sobre temas como globalización,
discriminación
o que tenía recursos
de video clip eran más
cercanas ellos y tenían
una mejor predisposición
para verlas. Por ejemplo,
con la obra “Salsipuedes”,
que es una obra disparatada
y fragmentada, no necesitaban
explicación sino
que tenían una
identificación
inmediata, y lo mismo
con el policial absurdo
de Daulte, “Criminal”.
Luego dejé de dar
clases, pero siempre seguí
con la idea: cada vez
hay menos espectadores.
Hay instituciones que
acercan el teatro a la
gente, como “Teatro
en clubes” que lo
hace la Secretaría
de Educación, el
teatro que ofrece el San
Martín, pero que
por lo general es más
convencional y es un teatro
que no ofrece riesgos,
pero, por el contrario,
no es el teatro que más
se hace en Buenos Aires,
ni el que corresponde
a las generaciones de
40 años para abajo.
Entonces, mi sensación
es que cuando se termine
esta generación
a la que pertenezco, no
va a haber recambio.
Con esta inquietud me
presenté en el
Instituto Nacional del
Teatro. Le conté
a Miguel Palma que tenía
un proyecto sobre el tema
del público y me
dijo que es una preocupación
del Instituto de los últimos
años: el problema
de la renovación
del público.
El problema fue que el
mundo insondable de la
Secretaría de Educación
se presentó como
desconocido. Empecé
por la base, interesando
a dos subinstituciones:
“Buenos Aires va
a la escuela. Proas a
la Ciudad” y “Juegos
Teatrales” coordinada
por Julio Cortez. En esta
última se trabaja
con docentes de teatro
y llevan espectáculo
a las escuelas primarias.
En enseñanza media
no hay nada: ni actividades
ni teatros.
CT. ¿Cómo
se llama el proyecto y
que características
tiene?
AD. Se llama “PROYECTO
DE FORMACIÓN DE
ESPECTADORES. De la escuela
al teatro”. Una
característica
clave es que los chicos
hacen una actividad previa
en el aula, antes de ver
las obras, para que sepan
la temática, algunas
claves. Cuando llegan
a ver la función,
previamente tenemos una
charla con los alumnos
porque casi el 40 % del
alumnado
nunca pisó
un teatro, ni
tienen idea de
como comportarse.
Hay que empezar
muy |
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de cero en la mayoría
de los casos, empezando
por explicar que el teatro
es un ritual que lleva
siglos de conexión
entre el espectador y
el actor.
Cuando termina el espectáculo
tienen una charla debate
con los actores y el director
y además les damos
una carpeta didáctica
que consta de tres partes:
la primera es una información
sobre las características
de la obra (datos del
autor, del director, planta
escenográfica,
de luces, etc); la segunda
es periodística,
donde están todas
las notas y crítica
que salieron en los medios.
Y la tercera es una propuesta
de actividades didácticas
para hacer en el aula.
CT. ¿Qué
predisposición
y preparación tienen
los docentes para abordar
este proyecto?
AD. Los docentes que vienen
son los más interesados,
los que se acercan tienen
idea sobre el teatro,
pero no sobre el teatro
independiente -lo que
se realiza, las salas-
conocieron el San Martín
o el Cervantes, y para
ellos el teatro tiene
formato a la italiana,
no conocen salas con escenarios
al piso, por ejemplo.
CT. ¿Cómo
trabaja el docente el
material, si no lo conoce?
AD. Lo trabaja desde la
historia o desde la sociología,
y ven el tema de la discriminación
o del nazismo o las diferentes
temáticas de las
cuatro obras que se le
presentan. Pero teatralmente
se les escapa absolutamente
porque no tienen herramientas
teatrales. Por eso, en
agosto vamos a dar un
curso de formación
para docentes sobre teatro
contemporáneo.
CT. ¿Este curso
surge como consecuencia
de la implementación
del proyecto o ya estaba
programado?
AD. No, ya lo teníamos
planificado. Para mí
se trataba de dos patas:
una formar a los docentes
y la otra llevar a los
pibes al teatro.
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CT. ¿Con qué
te encontraste cuando empezó
a funcionar el proyecto?
AD. Yo dejé de enseñar
en los primeros años del
menemismo y lo que hizo el menemismo
con la cultura y no sólo
con la cultura, sino en el estado
en que vienen los pibes es tremendo.
Hay obras en las que se ve el
mundo marginal, es lo mismo lo
que se ve abajo que lo que se
ve arriba, entonces te preguntas
¿dónde está
lo paródico?
CT. ¿Cómo se
hizo la selección de espectáculos?
AD. Tiene una cantidad enorme
de limitaciones y veremos si el
año que viene se puede
hacer más accesible. En
principio, solo se pueden elegir
obras subsidiadas por el Instituto
Nacional del Teatro, además
tienen que durar como máximo
60 minutos porque la mayoría
de los espectadores tienen poca
paciencia y no pueden estar media
hora sentados y no es una cuestión
de falta de respeto sino una cuestión
cultural.
No sirve el proyecto si fomenta
que el pibe vea sólo una
obra, pero si todos los años
ven por lo menos dos obras, terminan
quinto año viendo diez
obra y por ahí les interesa
y luego van a ver más.
Las obras tienen que ser de experimentación
o de nuevas tendencias, no ser
obras convencionales, pero no
crípticas y tienen que
tener una temática a fin
con la experiencia de vida de
ellos.
Las cuatro obras de este ciclo
son “Leve contraste por
saturación”, “Grasa”,
“Criaturas de aire”
y “Foz”.
Esta es una primera etapa de prueba.
Para el año que viene,
me gustaría que hubiese
algo de humor político,
para que no sean tan bajón
y hay obras que nos gustan y no
están subsidiadas.
CT. ¿Tiene eco en los
docentes, trabajan el material
que les envías en clase?
AD.
Cuando llega el contingente al
teatro, nosotros sabemos quienes
vienen, cuantos son. Para ese
entonces, ya hablamos con el docente
dos o tres veces. Pero no todos
trabajan la actividad, no le dan
pelota, si son teatreros o les
encanta sí la trabajan.
Hay otros que ni los profesores
ni los alumnos, saben siquiera
la obra que van a ver. Toda la
Institución educativa está
hecha pelota. Está bueno
pensar que todos los años
va a ver 100 profesores que eligieron
ver obras y llevar a los alumnos
al teatro.
CT. ¿Qué repercusión
tiene en los elencos?
AD. Yo creo que todos salen beneficiados,
pero sobre todo los actores, porque
cobran un cachet que es un poco
más de lo que cobrarían
un sábado a sala llen.
CT:
¿Cuál es tu
visión sobre los
críticos y los medios?
AD: Me parece que tiene
que haber un |
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montón
de revistas de teatro y un montón
de críticos, porque así
hay muchas formas de pensar. A mi
me pasa con el cine, hay dos críticos
que sigo, porque me interesan y
el resto no, porque no coincido
con ellos pero los leo; si recomienda
Sergio Wolf, lo voy a ver y si recomienda
cualquiera de La Nación,
los leo pero seguro que no les voy
a dar bolilla. Pero para mi mamá,
Susana Freire es su crítica
de cabecera y si yo le recomiendo
algo, ella no lo va a ver y me parece
bárbaro porque creo que la
crítica es generacional.
Uno no puede evitar hablar de aquello
que le es contemporáneo,
le puedo sacar más el jugo.
También puedo hacer una crítica
de comedias musicales, pero no me
gustan. Y me parece que más
allá de que todo el mundo
proteste, hay algo del orden del
gusto que es inevitable. No creo
en la objetividad de la crítica,
me parece que al contrario, que
uno tiene que defender la propia
subjetividad, no opinar, sino abrir
posibilidades de lectura, yo en
general lo que hago es abrir posibilidades
de lectura.
Lo bueno es que cada crítico
tenga su estilo y lo malo es que
hay pocos, como también hay
pocos espacios.
Es impresionante que en la ciudad
que más teatro tiene haya
cada vez menos espacios para la
crítica y cada vez menos
espacios en los medios para el teatro.
CT. ¿Por qué crees
que se da está realidad?
AD. Por una cuestión económica.
El teatro no vende, el público
es cada vez menos, las compañías
cinematográficas mueven mucho
dinero y el teatro nada. Lo mismo
pasa con las artes plásticas
o con la danza. Las artes que mueven
son tres: música porque las
compañías discográficas
tienen mucha plata, cine o televisión,
siempre y cuando esté bien
hecha, y después no hay nada
más. Es una pena, que dada
la inevitabilidad de la situación,
no haya apoyo para revistas que
cubren aquello de lo que los diarios
no se ocupan.
CT. ¿Cuáles son las
perspectivas para ampliar este proyecto’
AD. Me interesa que llegue a escuelas
de nivel terciario, a universidades,
a centro de jubilados, a centro
culturales barriales. Hay mucha
gente interesada, lo que hay que
hacer es la conexión, y también
el teatro se va transformar cuando
se de esa conexión, porque
el teatro que es tan críptico
va a necesitar dejar de serlo, porque
está bueno que exista, pero
también está bueno
respirar con los espectadores y
ver que pasa con esa respiración.
CT. ¿Por qué crees
que tardó tanto tiempo el
Instituto Nacional del Teatro en
poner un marcha un proyecto como
el tuyo?
AD. Para que Fomento se haya podido
interesar en ver que pasa con los
espectadores necesitó tener
ocho años de continuidad,
que Hacienda le envíe el
porcentaje que le corresponde, salvar
todas las papas que queman como
consecuencia de Cromañón,
que además atrasó
un montón de proyectos; cubrir
las necesidades básicas,
que eran millones, y de ahí
pensar a futuro. El problema es
que como todo arde y todo quema
es muy difícil
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