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ANTOANETA MADJAROVA
Antoaneta
Madjarova es búlgara, actriz,
titiritera, profesora de teatro y
directora. Estudio en la Facultad
de Títeres de la Universidad
Nacional de Teatro, Títeres
y Cine de Sofía Bulgaria. Hace
catorce años que está
trabajando en nuestro país
y actualmente está a cargo
de la coordinación del área
de espectáculos infantiles
del Centro Cultural de la Cooperación.
Su grupo se llama Kukla y a través
de él a presentado varias obras,
como: “Pif, paf, puf”,
“Cuentos de la fantasía”,
“Cuentopataletas”, “Calidoscopio”.
En estos momentos está en cartel
“El invento terrible”
y en septiembre estrenará “Pulgarcita”.
Es muy interesante su visión
sobre el niño y su relación
con el arte y como aplicar todo ello
a la creación de una obra de
teatro infantil.
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CT.
Sabemos que sos
búlgara
y que hace ya
unos cuantos años
que estás
en nuestro país.
En una entrevista
anterior, |
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por radio, dijiste que
tu formación es
universitaria y en la
radio no hay tiempo para
profundizar, así
que nos gustaría
saber cómo es la
carrera de dirección
y creación de títeres.
AM. En los países
exsocialista, y entre
ellos Bulgaria, se generaron
muchas escuelas de formación
a nivel primario, secundario
y universitario. Todas
las carreras artísticas
son universitaria, entre
ellas está la Universidad
de Teatro y Cine se Sofía,
donde se forman no solamente
actores, sino también
críticos de teatro.
Y está la Facultad
de Teatro para Títeres
donde se forman actores
y directores exclusivamente
para títeres. Y
ahora hay una Facultad
nueva que es la de Escenografía
para Teatro de Títeres,
que hasta que se creó
esta carrera en Bulgaria,
solamente existía
otra en todo el mundo
y estaba en la ciudad
de Praga, en la República
Checa. También
está la carrera
de Dibujo Animado, Circo,
etc, todas son carreras
de cuatro a seis años,
depende de la especialidad.
CT. ¿Qué
materias integran el plan
de estudios?
AM. Durante los cuatro
años que dura la
carrera, tuvimos materias
tanto teóricas
como prácticas.
Se exige mucho la formación
integral e intelectual
de los artistas.
Es un poco el objetivo
del CCC (Centro Cultural
de la Cooperación)
el de formar jóvenes
artistas intelectuales
con un sentido crítico.
En Bulgaria, esto se hizo
durante la época
del socialismo, estaba
dentro de los planes educativos,
no sólo de los
universitarios, también
en los secundarios. Se
le da mucha importancia
a la formación
intelectual, tenés
materias como historia
del arte, literatura universal,
dramaturgia (búlgara
y antigua) y después
tenés un montón
de materias específicas
donde estudiabas simultáneamente
tanto actuación
para actores como títeres.
Además teníamos
los talleres de fabricación
de muñecos y un
montón de materias
complementarias como expresión
corporal, técnica
de la voz, acrobacia,
canto, música,
etc. y también
las materias políticas.
CT. ¿Cómo
encarás un trabajo?
AM. Nuestro público
no está formado
solamente de chicos, es
un público mezclado.
Están los abuelos
y también los hermanitos
más chiquitos que
vienen en cochecito y
pueden tener ocho meses.
Es un público muy
difícil de abarcar
porque el abuelo está
encantado pero el bebé
llora.
Cuando encaramos un trabajo
pensamos en una determinada
franja de edad a la que
va a ir destinada el espectáculo.
Como es un espectáculo
infantil, siempre pensamos
que es para
todo
público.
La obra linda
tiene que poder
disfrutarla tanto
el chiquito de
dos años
como el abuelo
de noventa y dos. |
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Lo
más dificil es
elegir el contenido y
la forma expresiva externa
de la obra, todo lo que
hace a la imagen, lo visual,
lo auditivo y elegir los
códigos para que
haya un mensaje y cosas
divertidas, tanto para
los chicos como para los
adultos; es lo más
difícil de la obra.
En cuanto al contenido,
no hay temas prohibidos,
temas que no se puedan
hace para chicos. Se puede
tratar el tema de la muerte,
la violencia, pero sí
hay que tener mucho cuidado
con los código
con los que se trata esos
temas, cómo está
representado.
Los títeres son
una buena herramienta
para trabajar con los
chicos más chiquitos.
La conexión del
chico con el muñeco
es inmediata, cree profundamente.
En cambio se puede asustar
de los actores, los payasos
o los efectos especiales
porque no es su ámbito
habitual, en cambio con
el muñeco sí.
Entonces se puede tratar
muchos temas a través
de los muñecos
y de los objetos.
CT. ¿Y en cuanto
a los textos?
AM. Elijo una obra y la
adapto yo. Pero hay un
problema y es que la mayoría
de las obras están
escritas entre los años
’40 y ’70,
sobre todo en la Europa
de los Balcanes, y ya
están muy viejitas.
No hay una nueva dramaturgia
infantil, muy poco y menos
para títeres. Nadie
escribe para teatro de
títeres y objetos.
Es una falencia que se
da mundialmente. Muy poco
autores tienen interés
de escibir este tipo de
dramaturgia. No es fácil,
es una cosa muy específica
porque es necesario conocer
el código de los
muñecos. Como decía
el gran maestro ruso Serguey
Obraztsov “el títere
empieza cuando terminan
las posibilidades del
cuerpo humano”.
Hay que buscarlo en esa
dimensión y no
repetir porque, durante
siglos, en la historia
del teatro de títeres,
el títere repetía
los gestos, la mímica,
los movimientos del los
cuerpos humanos. En cambio
a principios del Siglo
XX, cuando empieza a trabajar
Obraztsov en Rusia y luego
se extiende a toda Europa
y llega hasta acá,
se instala el concepto
de que el títere
tiene que separarse del
cuerpo humano, ir más
allá, tiene muchas
más posibilidades,
porque es una caricatura,
una síntesis, una
metáfora.
CT. ¿Cúanto
hace que estás
en la Argentina?
AM. Hace trece o catorce
años
CT. ¿Por qué
te quedaste?
AM. Me quede, en principio,
porque hay muchos chicos
y un público muy
cálido...
CT. ¿Muchos
chicos?
AM. En Europa no hay chicos,
es raro que se vean tantos
chicos. No tienen hijos
o a los sumo uno o dos.
Primero eso, que hay muchos
chicos y luego porque
hay una gran necesidad
de producción de
arte infantil.
Me quedé por la
calidez del público
y porque creo que hay
una gran necesidad de
formar escuelas, de formar
gente joven en teatro
para títeres específicamente.
Y de pronto, vi acá
muchas posibilidades,
desde el punto de vista
de la amplitud. En un
principio me pareció
que estaba un poco anárquico,
pero una vez que me instalé
y pude empezar a funcionar
con los códigos
de los argentinos, me
di cuenta que tenía
muchas posibilidades.
Todo depende de cómo
uno encare las cosas y
la voluntad de cada uno
por llegar a buen puerto.
En la Argentina empecé
de la nada y ni siquiera
hablaba español
cuando llegué.
Todo es puro esfuerzo
mío y de otra gente
porque siempre trabaje
en equipo, en colectivo.
Pero si uno tiene bien
claro el objetivo y sabe
lo que quiere, se puede
lograr. En otros países,
incluso
en países europeos,
en donde hay una estructura,
no siempre te permite
instalarte, son sociedades
bastante más canonizadas,
cada una está dentro
de sus estructuras, ya
sea socialismo o capitalismo,
no tenés tantas
posibilidades.
Si se me ocurriera hacer
mi propia escuela con
mi propia estética
en Bulgaria, lo vería
difícil. Viajé
en el 2001 y traje títeres
libros, de todo, pero
puede ver que la Facultad
de Títeres está
como hace quince años
atrás, no ha crecido.
Tampoco tenés la
posibilidad de hacer cosas
por tu cuenta como acá.
Y además acá
hay un gran potencial,
mucha gente muy creativa,
muy talentosa que hay
que canalizarla, y darles
un poco más de
formación, pero
el talento se siente,
hay mucha creatividad.
CT. Desde que llegaste
hasta ahora ¿viste
una evolución en
el teatro de títeres?
AM. El arte del títere
es milenario, es anterior
aún al teatro.
Apareció siglos
antes de Cristo. Siempre
como algo artesanal, por
eso no hay escritos, no
hay un libro sobre la
historia del títere
completa. La cosa es quedó
en eso artesanal de familia,
que se pasaba de maestro
a alumno. Es una tradición
que viene a través
de la historia. Durante
los casi cinco siglos
de la tradición
de la comedia del arte,
se instala el arte callejero,
algo así como
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lo
que hizo Javier
Villafañe
con su “Andariega”,
eran las familias
las que hacían
todo el |
trabajo
y se comía y se
dormía todo por
canje. Todo esto es tan
fuerte en la historia
que quedó así,
hasta el S. XX. Con la
obra de Obraztsov en Rusia,
el títere empieza
a metersedentro del espacio
escénico. Esto
en |
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muy joven, en comparación
a latradición de siglos.
Los títeres es un arte básicamente
para espacios abiertos, es un arte
callejero. Es muy difícil
de cambiar en dos siglos, recién
empieza a cambiar en el S. XX y
se comienza a pensar en la formación
de gente nueva y a tomarlo como
un oficio. Esto quiere decir que
además de ser actor tenés
que aprender el oficio de manipular
títeres y además instalarlo
como un género escénico,
en el espacio escénico.
Es complejo pensar una puesta en
escena porque están los títeres,
la actuación, actores vivos,
la música, la coreografía,
el texto y entonces se necesita
un dramaturgo, un director, un puestista,
un iluminador. Pero esto recién
se instala con mucha fuerza en el
S. XX con Obvraztsov, luego se extiende
a todos los países socialistas,
donde se crea, incluso, espacios
físicos específicos
para el teatro de títeres.
En la Argentina hay dos tendencias
grandes, por un lado está
el teatro callejero, representado
por Javier Villafañe y todos
sus seguidores, que todavía
están en plaza, en espacios
abiertos; y por otro lado está
el teatro, el gran espectáculo
que es lo que hizo Ariel Bufano
en el San Martín. Las puesta
de Ariel son muy parecidas a las
que hacía Obraztsov en Rusia,
él mismo lo dice y reconoce
su influencia. Es una pena que se
murió, yo ya estaba acá,
porque Bufano por primera vez en
Argentina empezó a generar
lo mismo que se generaba en los
países europeos y que son
las escuela de formación,
porque el arte necesita ser difundido
a través de producciones,
de formación de gente nueva,
necesita de la renovación
para no estancarse.
Ahora en el San Martín hay
un elenco que es vitalicio, esto
estanca las cosas y no está
bien. Por otro lado, hay espacios
como “La calle de los títeres”,
que son más alternativos.
Después, está el tema
de los medios, no tenemos ningún
tipo de difusión. Pero cuando
llegué estaba todo más
anárquico que ahora. Por
lo menos yo veo mucha más
producción, mucho más
grupos firmes, por ejemplo, cuando
llegué, decir que iba a hacer
un espectáculo de títeres
para adultos, era para que me dijeran
que estaba loca. Ahora hay festivales
de teatro para adultos, lentamente
hay un interés mayor. Yo
me doy cuenta por mis talleres,
desde el 96 que los doy, y este
año tenemos inscriptos cuarenta
y cinco
alumnos,
es un taller anual. Hay
una gran movida y creo que
diez o quince años
atrás había
solamente tres columnas
que sostenían estos
trabajos |
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como Libertablas, Veronese y el
San Martín. Ahora hay mucha
más gente joven, grupos,
producciones. Por suerte el Instituto
Nacional de Teatro y PROTEATRO dan
subsidios también para títeres.
Hay que luchar, hay que hacer festivales,
movidas y hay que producir con mejor
calidad artística, porque
es una de las armas más importantes
para que la prensa nos de importancia
y un lugar. Y que el público
pueda hacer un seguimiento de las
compañías. Me encantaría
abarcar otro tipo de público,
que no tiene posibilidad de ver
teatro o que ve teatro comercial
y nunca vio una obra de teatro independiente
donde realmente se conmueva, se
emocione.
CT: ¿Cómo lográs
convocarlo?
AM: Es difícil. Ahora estoy
haciendo muchas giras, que me parecen
un gran aporte. En las giras vamos
a ciudades que ni se me ocurriría
como Malabrigo. Ciudades chiquitas
que es una fiesta en la que la obra
es una cosa única en el año.
Te esperan, te reciben.
CT: Vas, llegas, haces la función
¿Pero que queda ahí?
AM: La idea es volver. Hablo con
la gente, vamos mucho al sur y ahora
estamos yendo al norte a Corrientes,
al Chaco, a Misiones. Hablo muchísimo
con la gente y hay gente de mucha
polenta. Tenemos continuidad, damos
charlas, talleres –que siempre
llevo en las giras. La obra siempre
esta acompañada con más
cosas, no solamente ir y hacer la
función. Pero veo que hay
muchísima necesidad, y a
ese público sí me
interesa poder llegar. Y al público
de América Central. Voy a
los festivales, por ejemplo en Ecuador
todo fue muy emotivo, me hicieron
llorar. Recién llego de Chile,
y ahí fue tremendo, adolescentes
que suben al escenario –que
tendrían que estar en otra
cosa- y te dicen que nunca en su
vida vieron algo así, vienen,
agradecen y se emociona por una
obra infantil y podés percibir
que es sincero. Ahí te das
cuenta la necesidad que hay de las
cosas humanas, de sentir un vínculo.
Por que mis obras no están
hechas con un objetivo comercial,
especulando que hacés algo
para patentarlo y vender las remeritas
y ya está calculado el número
y que no disfruta ni el artista
ni el público. Y el público
percibe si está hecho de
una u otra manera.
CT. ¿Están unidos
los titiriteros?
AM. Es muy difícil juntar
a los titiriteros. En principio
porque son errantes, pero también
hay un núcleo de gente que
siempre insiste para que nos juntemos
porque en grupo se funciona mejor
y se logran más cosas.
Con respecto a los festivales, están
un poco más unidos, tienen
más intereses en común
y llegan a ciertos acuerdos. También
está la Asociación
Argentina de Titiriteros que, por
suerte, funciona bastante bien.
Y cooperativas como “La calle
de los títeres”, que
fue una muy buena iniciativa, si
lo veo desde el lado romántico,
pero si se conoce un poco más
como se manejan, estoy en desacuerdo
con muchas cosas, porque se debaten
cosas que son miserables, ahí
no se debate el criterio artístico
o cosas que puedan empujarnos hacia
delante, entonces, a veces, participo
y a veces me parece que pongo mucha
energía en cosas que están
un poco contaminadas y no me dan
ganas de participar.
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Por
eso, desde el CCC, me gusta
armar movidas y cosas que
sean un imán para
atraer a la gente y a los
titiriteros porque, dentro
de todo, es un |
espacio
bastante virgen en ese sentido.
Tenemos gran circulación
de grupos, porque por un lado se
acercar para la programación
y otros grupos por las otras actividades,
así que estoy convencida
de que es un espacio que hay que
cuidar mucho, que no se contamine
como otros espacios.
También hay un teatro independiente
muy fuerte, pero también
está la pelea entre los que
están en las salas y lo que
están en calle. Es muy difícil.
A veces me agota y creo que soy
más útil formando
gente y produciendo.
Con los años, puse más
energía en la formación
de nueva gente, con una nueva visión,
con un nuevo criterio; y en las
producciones. Todo esto me importa
mucho más que pelearme por
el tema de cómo tiene que
ser repartida la plata.
CT. En los años que llevás
dando los talleres, formando gente,
¿te han dado satisfacciones,
te siguen consultando?
AM. Sí, absolutamente. Es
mi mayor satisfacción, sin
duda. Más allá de
las obras, esto es lo que más
me gusta hacer, la docencia. Uno
se siente dejando descendencia.
Cuando llegué a la Argentina,
un colega me dijo que ni se me ocurriera
dar clase porque generaría
mi propia competencia y los primeros
años, porque no manejaba
bien el idioma, no me animé.
A partir del ’96 empecé
a dar los talleres y resulto que
lo que dijo ese colega no tenía
nada que ver. Esa fracesita me quedó
grabada y resulta que no competí
con nadie. Mis elencos se nutren
de mis alumnos, y eso es muy bueno,
se trabajan los mismos códigos
y es más fácil.
CT. ¿Cómo es el
código de los títeres?
Porque, por ejemplo, un títere
de guante es más emotivo
que un muñeco grande.
AM. Los distintos sistemas de títeres
los elegís según el
material, no es lo mismo hacer títeres
de guante que marioneta. Primero
es que se trata de distintas técnicas,
hay que aprenderlas, saber manejarlas
y son muy complejas.
No todos los textos son adecuados
para cualquier sistema de títeres.
Si elijo un texto para hacer teatro
negro, lo puedo hacer sin palabras,
solamente con música; porque
como es teatro negro, es teatro
de imagen. En cambio si tengo que
usar el títere de guante,
que es el más grotesco porque
es una caricatura, tengo que hacer
una cosa divertida, con mucho humor,
con mucha dinámica.
CT. ¿Cuál es el
criterio que tenés en cuenta
para elegir los espectáculos
infantiles?
AM. Seguramente que no queremos
en el CCC programar teatro comercial
o lo que ven los chicos en televisión.
Elegimos, dentro del teatro independiente
y tenemos en cuenta, primero, la
calidad artística, si ideológicamente
coincide con la ideología
del CCC, mejor todavía, y
también tenemos en cuenta
la variedad de géneros.
Lo importante es que la obra pueda
despertar en el chico una reflexión
y pueda llegar a ciertas conclusiones.
El teatro para niños cumple
ese rol, incide en la formación.
Y también es el encuentro
con las distintas expresiones artísticas,
que lo enriquecen más allá
del contenido de la obra porque
solamente el contacto en vivo y
en directo que pueda recibir con
la imágenes, ya sean sonoras
o visuales, lo estimula emocionalmente.
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