Una
adolescente fraticida
que se mueve en
patines, enamorada
perdidamente de
su padre. Un padre
enamorado de su
hija. La hermana
asesinada habla
con su padre y
con su hermana
sobre su nueva
condición
de cadáver.
El novio de la
adolescente asesina
y patinadora,
muerto también
en dudosas circunstancias,
vuelve para convencerla
de que se vaya
con él.
La madre de las
hermanas se agrega
a este grupo,
como no podría
ser de otra manera,
regresando de
la muerte para
recordarle a su
esposo que él
la mato y que
no soporta la
eternidad sin
pastillas. Vivos
y muertos hablan
entre si con total
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naturalidad
y se revelan
terribles secretos.
Incesto, adulterio,
asesinatos son
blanqueados
entre todos
los componentes
de este grupo
familiar, novio
incluido. Todos
metidos en un
pequeño
cuarto. Afuera
nos enteramos
que esta todo
gris y en las
calles se apilan
cadáveres.
Lo más
atrayente de
esta obra es
el impecable
trabajo de dirección
de Luciana Rodríguez
que suma a esta
labor, la de
escenográfa
e iluminador
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del
espectáculo.
Con un texto
que a veces
se desbarranca,
solo su pericia,
saca a flote
la obra.
En el pequeño
ambiente citado
y con luces
frías
logró
crear climas
de gran intensidad.
El dinamismo
que imprime
a las acciones
en ese pequeño
espacio es destacable.
Trabaja las
actuaciones
en una cuerda
caricaturesca
logrando así
la irrealidad
que la obra
necesita. Dentro
de este código
el elenco se
mueve con total
soltura logrando
un trabajo homogéneo.
“Hija
al costado de
la puerta del
afuera gris”
es un espectáculo
donde la dirección
se lleva todos
los meritos.
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