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PURO
CHEJOV
“Ana querida”
es una versión
libre del cuento
“La dama
del perrito”
de Antón
Chéjov.
Los cuatro personajes
de esta obra no
son felices. Están
resignados a esta
infelicidad, y
lo que hace más
trágicas
sus vidas es que
cuando tienen
la posibilidad
de cambiar sus
destinos, más
se aferran a sus
vidas grises y
rutinarias.
La inercia (por
llamarla de alguna
manera) de estos
personajes, está
magníficamente
lograda por la
directora Mónica
Viñao y
los cuatro actores.
Cada mínimo
gesto, cada palabra,
cada objeto que
utilizan son de
un gran contundencia
para definir el
complejo entramado
de estas vidas.
El manejo corporal
de los actores
es muy bueno,
a través
de sus cuerpos
se ve lo que sucede
en sus almas y
con sus sentimientos.
La escenografía
es ascética:
tres sillas (cada
una de ellas diferentes),
colocada en un
amplio espacio
vacío.
Dicho ascetisismo
no es impedimento
para que el espectador
“vea”
los distintos
lugares en donde
se desarrolla
el drama: la rambla
de Yalta, el hogar
de Gustav en Moscú,
el de Ana en San
Petersburgo, un
teatro de opera
y la habitación
de un hotel.
Las luces frías
que utiliza Miguel
Solowej sirven
para desnudar
el frágil
mundo de estos
seres.
“Ana querida”
es una bella obra
que capta estupendamente
el universo chejoviano. |