“EL
BESO
(Cómo
me gustaría
creer en
Dios)”
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“El
beso” es
una versión
adaptada por Raúl
Giusto, de la
obra del mismo
nombre de Eduardo
Pavlovsky.
Un beso es rememorado
por un hombre
vestido a la usanza
de los años
’50. Da
datos: hechos
históricos
que acaecieron
en ese momento.
Lentamente se
va despojando
de sus ropas,
al tiempo que
su memoria va
careciendo de
certezas. Confunde
si ese beso lo
dio cuando era
joven y viril
o viejo y decrepito,
si la mujer –
a quien le dio
el beso- lo amó
o se rió
de él por
su falta de virilidad.
Lo único
cierto es que
ese recuerdo,
con los diferentes
juegos que le
propone su memoria,
le impiden realizarse
como persona.
A tal punto que
solo después
de exorcizar ese
recuerdo puede
acercarse a otra
mujer (que quizás
sea la misma del
recuerdo).
La obra dirigida
por Santiago Talo
Atlante se queda
mitad de camino
en su propuesta:
brinda bellas
imágenes
pero carentes
del sustento.
El juego actoral
carece de tensión,
con una marcación
que se ocupó
más de
lo exterior de
los personajes
que de su interior.
Dentro de esta
propuesta el actor
Rodrigo García
Moro –dueño
de una gestualidad
y dominio corporal
muy buenos- saca
mejor partido
de su personaje.
En cambio Analía
Mendez no logra
acertar en la
composición
de su personaje,
observándola
muy forzada en
todas sus acciones.
Los ajustados
elementos que
conforman la escenografía
son: una mesa
de luz sobre la
que se posa un
viejo aparato
de radio, una
silla, un perchero
y un biombo.
El vestuario de
Elsa Medina y
María Elena
Badagnani es excelente.
Cuidadoso en la
elección
de colores, texturas
y modelos muy
acordes con los
años ’50.
“El beso”
es una propuesta
teatral solo ocupada
en la forma. |