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Delicado
espectáculo.
Siete mujeres
cuentan la historia
de Madame Bovary.
Cuentan y a su
vez son, por pericia
de la directora,
Emma, su esposo,
el amante rico,
el amante joven,
el boticario,
el médico,
la hija de Emma
y hasta el último
de los personajes
de este relato.
Las relatoras
transmiten estados
de animo, climas
íntimos
y atmosféricos,
paisajes, situaciones
tan clara y amenamente
que en
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ningún
momento decae
el interés
por el devenir
de la historia.
El relato esta
enmarcado en
un espacio escénico
simple y preciosista
compuesto por
un piano, siete
taburetes, una
araña
de luces, sobre
un piso a cuadros
negros y blancos
y un camino
de tierra. Esto
alcanza para
transportarnos
a todos los
cambios anímicos
y de lugares
que sufre la
protagonista.
En
un elenco bien
afiatado se
destaca el inmejorable
trabajo de Julia
Calvo, dando
lecciones en
cada una de
sus intervenciones.
Julieta Díaz
lleva adelante
en gran parte
de la obra el
papel de Emma
y logra transmitir
la frustración,
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la
pasión
y el deseo de
ser otra, sin
ningún
tipo de atajo
facilista o
efectista, redondeando
un trabajo conmovedor.
El diseño
de luces de
Gonzalo Córdova
es un personaje
más de
este espectáculo
crea momentos
de gran belleza
plástica,
transitando
los claroscuros
del relato.
Hermoso y sugerente
vestuario.
La directora
Ana María
Bovo logra con
su espectáculo
la excelencia
en lo que se
propuso, relatar
nada más
y nada menos
una historia.
Emma Bovary
es una caricia
para la vista
y el oído.
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