El
sabor de la derrota |
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El
sabor de la derrota,
creación
del grupo La Bohemia,
con dramaturgia
y dirección
de Sergio Boris.
Trata sobre un
padre y un hijo,
que por una cuestión
de enfermedad
se van a un pueblo,
donde se cruzarán
con un peón
y una mujer.
Es una obra donde
estallan las situaciones,
ágil, desconcertante,
siempre sorprende,
por momentos divertida,
por lo absurdo
(como cuando lavan
y cuelgan a secar
a los chanchos)
y por |
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momentos conmovedora;
el espectador
no tiene un
instante de
distracción.
Logran imágenes
muy bellas y
de una poética
de destacar.
Las actuaciones
son muy buenas:
Martín
Kahan, en el
personaje de
Eusebio, el
hijo; Daniel
Kargieman, Corvalán,
el padre; Dario
Levy, Bilbao,
el peón;
y es notable
la actuación
de Laura López
Moyano en el
personaje de
Teodora, la
mujer que irrumpe
en la vida de
estos hombres
derrotados.
Perfectamente
ambientada,
el diseño
escenográfico,
de Mariana Punta,
es especialmente
bello. Divide
el espacio en
diagonal con
una pared. Adelante
el patio, y
por las ventanas
de esa pared
se puede observar
los cuartos
del
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padre
y del hijo y hacia
la derecha el
cuartucho del
peón.
Todo
es sucio, decrépito
y desolador, salvo
un espacio que
está en
le cuarto del
hijo donde hay
un piano con partituras,
pero no está
a la vista del
público
sino que se puede
observar a través
de un efecto óptico,
maravillosamente
logrado. El vestuario,
diseñado
por Gabriela A.
Fernández,
está cuidado
al detalle en
todos los personajes,
destacándose
el de Eusebio
cuando aparece
en escena vestido
para viajar a
Buenos Aires.
En cuanto a la
iluminación,
diseño
de Leandra Rodríguez
e Ignacio Riveros,
no desentona con
la puesta. |
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