Un
clásico
sin solemnidades.
En esta puesta
lo primero que
es dable rescatar
es la creatividad
en su plenitud.
Consigue
que el espectador
se sienta en el
jardín
disfrutando de
la primavera con
los cerezos en
flor y a su vez
sentirse conmovido
por una historia,
donde la generación
más antigua
se aferra al pasado
y la nueva apuesta,
con alegría,
al futuro. Consigue
concretar imágenes
de gran belleza,
con actuaciones
muy buenas, música,
humor y melancolía,
pero abierta al
porvenir. |
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El
jardín
de los cerezos
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Corrientes
Azul es una sala
pequeña
pero se utiliza
todo el espacio
de la sala, hasta
el patio de butacas
y la cabina. Se
consigue la sensación
de mansión,
trabajando con
varias entradas
y a dos niveles,
una planta alta
y una baja. Con
elementos y objetos
se delimita el
espacio de las
escenas, destacándose |
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los
interiores y la
escena en le río
y el cerezo florecido.
Es notable el
trabajo de vestuario
y de iluminación,
no sólo
para remarcar
la temporalidad
sino también
para realzar la
belleza de las
imágenes.
El grupo Mascarazul
se propuso rendirle
un homenaje al
centenario del
estreno de esta
obra y a su autor,
Anton Chéjov,
y lo logró
a la mediada de
sus homenajeados.
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