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Esta
obra, escrita
por Copi –
presentada por
el grupo (H)umoris
Dramatis y dirigida
por Guillermo
Ghio, trata sobre
lo que trae aparejado,
y como una de
sus principales
consecuencias,
la dificultad
para expresarse
que es la incomunicación
o, lo que es lo
mismo o tal vez
más grave,
la comunicación
incorrecta.
Está trabajada
desde lo absurdo
de las situaciones,
paradójicas
y contradictorias,
donde nada es
lo que aparenta
ser: las mujeres
que eran varones
y se operaron
para cambiar de
sexo, la cena
que es una sopa
de fideos sin
cocinar, el mobiliario
quiere aparentar
estilo y el estilo
está pintado
(literalmente),
viven en Siberia
y quieren viajar
a China (como
lugar donde disfrutar
del amor), las
operaciones de
cambio de sexo
se las hicieron
en países
árabes.
La
metáfora
es impecable,
nada tiene lógica.
Se hace necesaria
la lectura de
la construcción
poética,
que lleva a la
reflexión
sobre el mundo
alienante e hipócrita
en el que vivimos
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El
homosexual |
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En
“El homosexual”
no hay una actuación
que sobresalga
de otra, son
todas excelentes.
Los cuatro actores:
Marcos Montes,
Catherine Biquard,
Carlos Portaluppi
y Leandro Puerta;
crean sus personajes
de manera notable,
y se observa
la precisión
del manejo del
tempo y el ritmo
que es de destacar.
El
espacio escénico
está
delimitado por
un tapete angosto
(a lo ancho
del escenario
y al medio),
por donde transitan
eso personajes,
como por un
hilo al filo
de un endeble
equilibrio.
La profundidad
del
aforo está
marca dos cortinados
blancos a los
costado, y al
medio otro cortinado
colorinche de
cretona. Los
muebles están
tapizados por
telas blancas
pintadas.
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El vestuario
está
impecablemente
acorde con la
idea conceptual
de la obra,
cuidado al mínimo
detalle (combinación
de pantuflas
y cofias, los
guantes, el
sombrerito,
la cartera,
las medias de
red). De igual
modo, complementa
la utilización
de las luces,
lográndose
climas y acompañando
la puesta.
Hay música
y efectos sonoros
en vivo, ejecutados
por el actor
Leandro Puerta,
que está
a un costado
del tapete con
un piano eléctrico,
recurso muy
bien utilizado
en la estética
que se le ha
querido imprimir
a la obra. También
hay música
grabada, destacándose
el final, absolutamente
trágico
y con una canción
“bolichera”
de Gloria Gaynor:
I will be servable.
Todo es absolutamente
kitch, absurdo
y delirante.
El humor es
exquisito, divertida
y por momentos
hasta las carcajada,
pero de ese
tipo de obras,
que luego de
disfrutarlas,
surge la pregunta
¿de qué
nos estuvimos
riendo?
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