El
entrepiso |
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Fraccionado.
Un hombre consumido
por la droga y
sus cuatro personajes
internos que se
corporizan. El
y ellos nos cuentan
sus historias,
hablan de sus
recuerdos, sus
sueños
y sus tragedias.
La obra esta construída,
desde la dramaturgia,
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en
forma de monólogos,
sus personajes
no se conectan
entre sí.
Las historias
son interesantes.
El hombre, en
la adolescencia
aspirante a ser
escritor, a los
cuarenta años
lo único
que le interesa
es drogarse. Sus
cuatros personajes
internos: un critico
de teatro devenido
en productor de
espectaculos porno;
un mujer consumida
por la lepra recuerda
momentos donde
los afectos la
rodeaban; un hombre
castrado planea
y consume un asesinato
en un tren y una
adolescente carga
con la muerte
de su hijo a cuestas.
Con estos ricos
elementos el director
Claudio Ferrari
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no logra plasmar,
ni en la puesta,
ni el trabajo
actoral algún
momento de verdadera
hondura y emoción.
Muy pautado el
movimiento de
los actores en
el espacio escenico.
La única
que logra conmover
en algunos momentos
es la actriz Teresa
Murias en su personaje
de la leprosa.
Lo que sí
es dable destacar
es la musicalización,
a cargo de Claudio
Ferrari, y un
delicado trabajo
de luces de Ricardo
Sica.
Un bello texto,
en una puesta
esquemática,
que ahoga la intensidad
del mismo.
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