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Como
tuvimos la oportunidad de ver todas
las obras del ciclo “cerocinco05”
y lo consideramos muy interesante, fuimos
a conversar con Rubén Szuchmacher,
a su sala –ElKafca- sobre este
proyecto, pero, sobre todo, de gestión
y producción de ideas.
CT. En principio, quisiéramos
hablar con Ud. de este ciclo, que es
muy bueno, y a partir de “Efemérides
cerocinco05”, hablar de lo que
es la gestión, la producción
de ideas, a partir de su experiencia
como director de esta sala, del Rojas,
etc.
RS. Precisamente, la idea es que la
producción vuelva a sus lugares
de origen al teatro independiente y
desde ahí a la actividad organizada.
Es como decir “este es nuestro
territorio”. Es una especie de
vuelta al sentido de lo que significa
lo independiente. Si bien en este proyecto
tenemos el apoyo de las Embajadas de
Alemania, España y Francia, ese
apoyo lo tenemos en nuestro territorio,
no lo hacemos en otro territorio. Pero
lo que marca la diferencia y lo inhabitual
es que se trata de una provocación
para que los que están a cargo
de los teatros independientes hagan
cosas por el estilo.
CT: Inaugurar una idea para que se tome
y se ponga en marcha.
RS. Sí, la idea es que un teatro
no solamente haga una producción.
De hecho algunos teatros hacemos nuestras
propias producciones, pero en este caso
ni siquiera es una producción
mía, yo estoy como curador y,
a su vez, armo un programa basándome
en un concepto de gestión diferente.
CT. Usted habló del teatro independiente
y de retomar la esencia del teatro independiente
¿cómo lo definiría
hoy en día?
RS. Es muy difícil definir al
teatro independiente. Yo creo que están
todos los sistemas muy complicados.
La mayoría de los teatros no
son independientes en la medida de que
casi todos reciben subsidios del estado.
Por lo tanto, el primer concepto de
independiente ya no es tal. Independiente
tenía que ver con no depender
de nada, ni económica ni artísticamente.
Lo cierto es que se podría decir
que este tipo de teatros, que si bien
tiene subsidios y por lo tanto no tiene
una total independencia, sí tiene
una cierta desregulación y puede
ir por cualquier andarivel, que es distinto
de lo que podría pasar en la
escena comercial y también diferente
al teatro oficial que está adquiriendo
líneas afines al mercado o cierta
especificidad. Si uno analiza la escena
llamada independiente, lo que ve hoy
es una cosa totalmente desregulada.
Hay cualquier cosa, no hablo de bueno
o malo. No tiene la característica
de los años ’50, en el
que había un proyecto cultural
determinado. Hoy esos proyectos fueron
capturados por el estado. El Teatro
San Martín, durante la gestión
de Kive Staiff, fue tomar la bandera
del teatro independiente y hacerla oficial.
Le quitó la palabra al teatro
independiente.
CT. Pero Ud. defiende con todas sus
energías al teatro independiente...

RS. Bueno, yo trabajo tanto en el teatro
independiente como en el comercial o
en el oficial. Lo que defiendo es una
cierta cuestión territorial.
¿Podemos generar un polo que
compita con el poder? No que se margine
del poder, sino que compita. Eso es
lo que estoy tratando de hacer. Por
eso digo que ojalá muchos hagan
proyectos como “Efemérides”.
CT. Se lo preguntaba porque después
de Cromañón, Ud. se puso
a la cabeza de las reuniones de Artei.
RS. Sí, pero no estuve solo,
estuve con otros colegas, con Bartís
y con otra gente más al frente
de la comisión. Ese fue un intenso
trabajo político para ocupar
un espacio.
CT. Esto que decía Ud. de atraer
el apoyo de las grandes instituciones
al territorio del teatro independiente,
me hizo pensar en la Ley de mecenazgo.
A Ud. ¿qué le parece?
¿sería viable, coartaría
la actividad del teatro independiente?
RS. Ha habido mucha discusión
entorno a esa Ley que nunca termina
de salir. Yo creo que la actividad del
teatro independiente –por las
características nuestras en Buenos
Aires, donde hay una compulsión
a la producción- yo no sé
si la coartaría en sí.
Se hace teatro, que aparezca una ley
y que no le de nada no le haría
ningún efecto. Por el contrario,
puede ser que algún peso llegue
para este lado, pero ahí está
el problema de la Ley de mecenazgo y
es quienes toman las decisiones. Esto
tiene que ver con las políticas,
combinación de políticas
públicas y políticas privadas.
Políticas privadas por parte
de grupos económicos fuertes
que difícilmente tiendan a poner
plata en programas culturales porque
no les significa ningún tipo
de gloria. Lo más probable es
que la Ley de mecenazgo termine apoyando
a aquellos que el mismo mercado convalida.
Quiero decir, es muy fácil ponerle
plata a Julio Bocca y muy difícil
que le pongan plata a un grupo independiente
de danza, porque va a ganar la lógica
de mercado, que es la que regula todo;
y el estado, también, va a seguir
la lógica del mercado.
Pero la decisión de poner dinero
es una decisión de las empresas,
que no están obligadas. Pagan
los impuestos o ponen plata para mecenazgo,
no hay una obligación de entrar
en el mecanismo.
De la misma manera, y es algo en lo
que estoy trabajando ahora, los circuitos
independientes terminan siendo el reservorio
de las industrias culturales. Uno puede
ver a los actores en los teleteatros
de Polka y -a actores secundario y/o
algún que otro primario- pero
¿quién pagó la
formación de estos actores? Antes
la industria se hacía cargo de
la elección y formación
de los actores, hoy es el estado o el
ámbito independiente los que
se hacen cargo, los que pagan el costo
para que luego la industria los tome.
Y esto es algo que hay que cuidarlo
un poco más.
CT. También nutre al teatro oficial...
RS. Mi propio trabajo político
está en esa línea: las
industrias y las productoras deberían
retribuir a los que forman a los actores
que luego trabajarán para ellos.
CT. Si no existiera el teatro independiente,
de dónde surgirían los
actores, directores, etc.
RS. No habría. Estos lugares
lo que provocan es una especie de selección
natural. Están llenos de gente
que, como pasa en todas las cosas, algunos
se quedan y otros se marchan. Pero quién
pagó el espacio, el alquiler,
la luz. El alumno también pagó,
pero alguien hizo un trabajo. Con esto
estoy diciendo como funciona el mecanismo.
Esto es algo que hay que empezar a exponer,
a no ser ingenuos respecto de cómo
funciona porque también el mercado
está regulando esto. Yo no voy
a formar actores para que trabajen en
Polka, porque no me interesa. En la
década del ‘30 o ’40,
el cine y la radio hacían su
propia selección.
CT. Pero por lo menos tomaban el riesgo...
RS. Las revistas hacían concursos
para elegir. La industria tomaba ahí
un riesgo sobre las personas que luego
iban a trabajar en un marco industrial.
El “cerocinco” se hubiera
podido hacer en el Rojas o en el Goethe,
pero nos corrimos de lugar y lo hicimos
acá, que es el lugar de origen.
Y esto habla de cómo está
todo distorsionado. En la medida en
que se pueda, este tipo de proyectos,
hay que hacerlo de este lado. Esto viene
del ’97 cuando desde el taller
del Rojas que coordinaba, invadí
el Teatro del Pueblo con el ciclo de
nueva dramaturgia, que ahora los tiene
como “chicos dilectos”,
pero en ese momento fue una prepoteada
de mi parte, porque podría haber
sido un ciclo que quedara dentro del
marco del Rojas, pero había que
sacar a la luz todos esos dramaturgos
(entre los que se encontraban Bertuccio,
Daulte, Tantanian). El Teatro del Pueblo
decía que se dedicaba al teatro
nacional, de modo que allí fuimos.
Conseguí los día martes
y llenamos durante seis meses. Con discusiones
y a los gritos con Roberto Cossa que
decía que eso no era teatro.
Ahora los tienen adentro.
A mi me parece que es muy interesante
eso de friccionar todo el tiempo. En
aquel momento la nueva dramaturgia no
tenía aún una identidad,
hoy no haría lo mismo. Hoy en
el San Martín se estrenan Spregelburd,
Veronese. Friccionar tiene que ver con
ubicar en cada momento donde está
la cuestión. En este sentido,
nadie le hubiera dado la oportunidad
a directores como (Jorge) Ferrari o
Gonzalo Córdova en estas instancias,
y sin embargo funcionan porque son artistas.
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CT. Ud. cree que hay una corriente de
público que sostiene el teatro
independiente o somos siempre los mismos.
RS. No, yo creo que somos siempre los
mismos. El teatro independiente siempre
se sostuvo, históricamente, por
su condición política.
Estamos dentro de ciertos recuerdos
que lo patentizan. Teatro Abierto no
fue un fenómeno artístico,
pero sí de público. Desde
Barletta en adelante, teniendo en cuenta
que el teatro independiente surge a
dos meses del golpe de Uriburu, pasando
por momento aciagos, por el peronismo.
Siempre se sostuvo por presencia política,
al que adhería un gran sector
de la población, generalmente
clase media y clase obrera concientizada
y sectores de alta “progre”.
El teatro independiente empieza a decaer
cuando sale del marco de la política.
Si uno analiza la intensidad estética
puramente, se da cuenta que está
sostenido en lo político. Entonces,
el público es más aleatorio
en ese sentido. En cuanto al Kafka,
estamos contentos porque la gente llama
para saber que damos hoy, confía
en el lugar, pero no llega a constituirse
en una corriente. Lo que hay son personas
interesada. En una ciudad de tres millones
de habitantes, siempre va a haber alguien
interesado en ver lo que se hace en
salas de ochenta butacas.
Si hacemos el cálculo de las
personas que vio el ciclo 05, nos da
1800 espectadores. 1800 personas son
las que viven en una manzana. Está
bien que muchas tienen efecto multiplicador.
Nosotros estamos muy contentos, pero
1800 son dos funciones de una sala del
San Martín. Yo hago este análisis
para que no nos pasemos de mambo. Hay
todavía algo endogámico
que no se ha logrado romper, y los medios
y los diarios no ayudan. Son todos temas
de gestión a resolver, esto tiene
que ver con la promoción. Yo
creo que cualquiera de los espectáculos
de 05 pueden ir perfectamente al Complejo
La Plaza o a la Cunil, teniendo en cuenta
que el de Dior es más masivo
que el de Schiller, pero igual cualquiera
podría haberse hecho en otro
ámbito.

CT. Hay más gente haciendo teatro
que público...
RS. Mi sala tiene 66 localidades, si
vienen la familia y los amigos, entran
treinta o cuarenta personas de público,
entonces hay que preguntarse cómo
puede subsistir un elenco compuesto
por cinco o seis personas. En la reducción
de los espacio está el problema,
los espacios se redujeron excesivamente
para mí.
Los espacios se redujeron como concepto.
Al refugiarse en este tipo de espacios,
se redujo por temor a que no venga público.
Este es uno de los grandes errores del
teatro independiente. Ahora estoy trabajando
en eso, que va a ser difícil
porque voy a ir contra toda la tribu,
la tribu teatral, pero creo que la idea
es que hay que tratar de tener la menor
cantidad de obras con una función
por semana y, a su vez, tratar de agregar
dos o tres funciones de la misma obra.
Esto, para cambiar la idea de que los
espectáculos duran, porque agarras
la cartelera y vez que hay un espectáculo
que hace años que está
y cómo no va a estar si hace
una función por semana a veinte
espectadores. Se ha producido un distorsión.
Cuando yo trabajaba en “Visita”
o en “Boda blanca”, hacíamos
cinco funciones por semana a sala llena,
además de poder vivir de esto,
había algo que nos permitía
establecer una situación de competencia
con el teatro comercial que hacía
sólo tres funciones semanales.
Con una sola función por semana
no se establece competencia alguna.
También está el problema
de los actores porque han generado una
dinámica que se hace imposible
armar un elenco. Como están en
cinco o seis elencos, es un quilombo.
Y eso es puro despliegue, es una enorme
eclosión, de energía,
estética; no hay concentración.
El cambio se produce cuando el estado
empieza a competir con los espacios
y presenta ofertas gratuitas y por otro
lado, da subsidios a los teatros, así
empieza a liquidar estos espacios, que
como no tienen la carga mediática
que tienen lo oficial o comercial, lo
terminan desarticulando.
CT. ¿Cuál sería
la solución, a su criterio?
RS. La verdad, pegar unos palos a unos
cuantos. Cuando digo pegar unos palos
tiene que ver con una discusión
profunda que se tiene que dar tanto
en nuestro sector como con los funcionarios.
Y también una profunda discusión
hacia adentro. Por ejemplo, hay un tema
que está prohibido hablar y que
es el tema de la calidad artística,
te dicen que es muy difícil de
evaluar y ahí queda invalidada
toda discusión. Y a partir de
ahí, es la mejor manera de no
configurar políticas. Y en realidad
se da un estado de anomia.
Con respecto a los subsidios, compiten
entre sí una persona que recién
empieza con otra con una trayectoria
bien definida. No se deciden a otorgar
subsidios para intermedios, para consagrados,
etc., y que compitan entre los de la
misma jerarquía. Competimos todos
contra todos, lo cual es la mejor manera
de que no halla ninguna discusión.
A mí me pasó una cosa
muy graciosa, la primera y única
vez que me presenté a pedir un
subsidio fue con “El siglo de
oro del peronismo”, todavía
era un proyecto entonces presenté
una parte y estaba la obra de Calderón
–que pusimos expresamente que
se haría completa- yo pensé
que los jurados tendrían la obra
de Calderón, lo cierto es que
me lo catalogaron como bueno porque
no había agregado el texto. Pero
bueno no significa plata. En el dossier
de prensa, cuando estrenamos, puse que
el Instituto (Nacional de Teatro) no
nos dio plata, los denuncié a
todos, les hice pasar vergüenza.
Luego, después de estrenada,
me dieron el premio a la calidad: $
2.500, cuando el proyecto salió
$ 25.000.
Este proyecto 05, en realidad, tendría
que haberlo hecho el estado, no nosotros.
Nosotros lo hicimos para que el Instituto
reacciones, si reacciona y lo hace,
nosotros lo dejamos de hacer. La idea
es provocar y tener reacciones política.
Se trata de eso este tipo de proyectos,
no es tanto por la originalidad sino
por la provocación política.

CT. ¿Cuál es la próxima
provocación?
RS. No sé. Ahora tenemos que
hacer un balance. Queremos continuar
con 06, 07, 08 porque hay algo interesante
artísticamente en la modalidad.
Esto se trata de una provocación
artística, no discursiva. Está
montado sobre un trabajo de gestión,
porque tampoco es que tenemos cien mil
dólares. El costo de 05, con
la auto explotación de los actores
y de los directores que no cobraron
un peso, fue de 21 mil pesos.
Si se hace un buen presupuesto y está
bien administrado no se necesita muchos
dinero para hacer un buen ciclo como
05.
CT. ¿Ya está delineada
la programación del próximo
año para el Kafka?
RS. Sigue “Acercamientos personales
II”. Se estrena una obra que se
llama “Desbarros”. La presentación
de un director inglés que va
a hacer una obra con actores argentinos.
La primera parte del año vuelven
algunas obras del 05. Y algunas cosas
fuertes que todavía no me gustaría
decirlas porque no hemos cerrado.
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