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POÉTICAMENTE
NECESARIA
“Harina”
es una obra unipersonal
de Carolina Tejeda
y Román
Podolsky.
Trata sobre una
panadera –Rosalía-
que cuenta la
vida de su pueblo,
como la última
habitante, de
un pueblo que
ha sufrido la
debacle luego
del cierre de
los ramales ferroviarios.
En esta obra todo
es etéreo,
todo es el fantasma
de algo que ha
sido.
La contundencia
actoral de Carolina
Tejeda es tal
que también
ella flota en
esa levedad de
los sueños,
a punto tal que
fluye como harina
entre los dedos.
Toda la obra es
una imagen de
gran belleza pero
hay escenas notables
como en la que
Rosalía
arma sobre el
suelo, con montoncitos
de harina, todo
la vía
ferroviaria, marcando
estación
por estación,
pueblo por pueblo,
que ya no existen.
O cuando cuenta
la historia del
perro Olgo, preparándose
un tesito de yuyos
o cuando sale
a ver si amanece,
cosa que, metafóricamente,
nunca sucedera.
A menos que...
El espacio en
que se desarrolla
“Harina”
es la casa de
Rosalía
que está
construida en
papel –blanco,
leve, como papel
de arroz- un lugar
como dibujado
en sueños.
Una realización
impactante de
Alejandra Polito.
Las luces las
diseño
Eli Sirlin y es
de una gran belleza.
Toda la obra está
ambientada en
ese alba que no
termina de despuntar,
y para ambientar
ello, utilizó
contras enfriadores
y azules, apeló
muy poco al color
definido como
para acentuar
ese estado de
incertidumbre.
“Harina”
transcurre en
un estado en el
que no se sabe
bien si se está
soñando
o si se despertará
a la realidad.
Todo en escena
lleva a esa sensación:
el perfume a eucaliptus,
las chicharras,
el viento, la
luz.
“Harina
es una ternura.
Es conmovedora.
Es original. Es
divertida. Es
necesaria. |