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UN
CANÉ SIN
BRONCE
“Cané
(estudiantina)”
es una obra con
dramaturgia de
Leandro Halperín
y dirección
de Luciano Cáceres.
Trata sobre un
grupo de estudiantes
que consiguen
la fórmula
para hacer resucitar
cadáveres
y van a hacer
la primera experiencia
con Miguel Cané,
que es “figura
prominente”
de la institución
a la que pertenecen.
Como su objetivo
es tratar de explicar
los misterios
de nuestro país,
para ello, también,
secuestran a un
psicoanalista
para que trate
de analizar a
Cané y
a la historia.
Sólo tienen
50 minutos.
“Cané
(estudiantina)”
es una obra, por
un lado divertidísima
por lo absurda
y por otro lado,
además
de muy original,
sumamente interesante
porque pone de
manifiesto al
Cané real
y no al de “bronce”,
con todas sus
contradicciones,
sus verdaderas
inclinaciones
políticas
y elitistas, etc.
Como nos tiene
acostumbrados
Luciano Cáceres,
en cuanto a su
mirada tan particular
y plástica
sobre la utilización
del espacio, el
caso de esta obra
también
es muy particular
y absolutamente
logrado. Utiliza
la sala de ElKafka
de manera apaisada,
formando un semi
círculo
de platea a lo
que sería
la pared izquierda
del escenario
tradicional. Allí
instala un laboratorio
bastante improvisado,
con una camilla,
un biombo, donde
se desarrollará
el experimento,
pero además
de ello, en un
momento aparece,
como en sueños,
el fantasma de
Lepoldo Lugones,
desde un sarcófago
que no es otra
cosa que una pequeña
puerta al lado
y a la altura
de la cabina técnica.
Todo está
muy bien logrado.
Las actuaciones
también
están muy
bien logradas,
destacándose
las de Andrés
Ciavaglia y Martín
de Goicoechea
en los personajes
de psicoanalista
y Cané,
respectivamente.
A igual que los
científicos/estudiantes
que están
muy bien, con
movimientos por
momentos coreografiados
y sobre todo muy
divertidos.
“Cané
(estudiantina)”,
que se presentó
en el marco del
ciclo “cerocinco05”
creado por Rubén
Szuchmacher, es
una obra lúcida
y que se luce. |