De
todas las noches |
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De todas las noches,
dramaturgia y
dirección
de Mónica
Viñao,
es una obra plástica
y poéticamente
de gran belleza.
Un
hombre, diplomático,
viaja con su esposa
a un país
de Oriente, que
no se nombra.
Este matrimonio
occidental se
ve inmerso en
otra cultura y
es la mujer la
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que
se cuestiona y
reflexiona sobre
su destino y su
vida y el destino
y la vida de esas
mujeres tan diferentes
a ella, o no,
tan extrañas,
o no.
La intertextualidad
es manejada a
la perfección.
No es explicativa
ni didactica,
fluye la historia
y la actuación,
con plasticidad.
Las actuaciones
son de destacar:
César Repetto
en el personaje
de Roberto, el
esposo indolente,
ausente y bastante
neurótico;
y Déborah
Bianco, en el
personaje de Irene,
una creación
actoral preciosista,
logra imágenes
y momentos muy
bellos y conmovedores
(como en el relato
de la lapidación
de una
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adultera).
El espacio escénico
está delimitado
por un tapete
angosto que atraviesa
el escenario,
marcando el agobio
que sufre Irene.
El diseño
de iluminación
marca las luces
y las sombras
por las que va
pasando Irene
y completa las
imágenes
de contraste por
la que trascurre
la obra.
Mónica
Viñao ha
logrado con esta
obra una estilización
notable.
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