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“....
Hecho por hombres
/ Falso, fingido”....
Son
acepciones de
la palabra artificial
y es también
lo que nos transmite
la obra de Guillermo
Arengo, autor
y director de
la misma.
La historia que
nos cuenta es
la de un matrimonio
mayor conformado
por un hombre
que no para de
tener ideas, inventor
entre otras cosas
del envase de
Seven-Up, y de
su mujer que lo
mima y lo admira.
Tienen la fabrica
que produce en
serie los envases
ya citados y una
mascota genéticamente
concebida que
habla, es trabajadora
y agresiva. Pero
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Circuito
para gente artficial. |
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no tienen hijos.
Para completar
ese hueco en
sus vidas adoptan
a un grupo de
jóvenes
que no paran
de agredirse
tanto de palabra
como físicamente.
Dos mujeres
a cada lado
del espacio
escénico,
a la manera
de
un coro griego,
nos relatan
cómo
una persona,
por consumir
cigarrillos,
se puede transformar
en un cáncer
y este muta
en una nueva
forma de vida.
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La
obra a través
de todos sus
rubros: texto,
actuación,
escenografía,
luces y vestuario
logra crear
de forma rotunda
un mundo artificial
en que las únicas
cosas auténticas
son los deseos
no cumplidos
y la agresión.
Pero por eso
mismo cae en
la trampa de
convertirse
solo en un ejercicio
teatral que
no trasmite
ninguna sensación.
Si Arengo quiso
transmitir,
el vacío
y la falta de
emociones y
vínculos
humanos en nuestros
tiempos, lo
consiguió
plenamente,
pero tal vez
a costa de su
propia obra.
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