Obra
inteligentísima. Perfecta metáfora
de cómo ha quedado el mundo
luego de la caída del muro
de Berlín: el norte rico y
dominador y el sur pobre y sometido.
Es una obra inspirada en Acto sin
Palabras I y II de Samuel Beckett,
presentada por el teatro – grupo
(H)umoris Dramatis.
La obra cuenta el experimento que
realiza un pulcro y minucioso (hasta
la exasperación) científico
alemán, sobre un argentino
reducido a vivir entre la basura y
como basura, que es observado y manipulado
desde una cámara gesel.
Las actuaciones son impecables y parejas,
cada uno en su rol: Marcos Montes
como el científico y Carlos
Portaluppi como el argentino. Téngase
en cuenta que en esta obra no hay
diálogos, el
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argentino,
en un momento lanza un grito para
revelarse y nada más; el científico
graba sus observaciones, en alemán,
e inmediatamente son traducidas por
una voz en off, por lo que se destaca
aún más el manejo corporal
y gestual de estos actores.
El escenario está recortado
por el espacio que ocupa la cámara
gesel y se trabaja a dos niveles:
el elevado para el científico
y sobre el piso, el argentino. El
mundo del científico es todo
tecnología y asepsia y la argentinidad
está representada por el mate,
un estatua de la Virgen de Luján,
por una osamenta y por el color de
la ropa del argentino que forma la
bandera nacional.
Todo el control lo tiene el científico
(sonido, iluminación, musicalización,
proyecciones, efectos), en |
“
BECKETT
ARGENTINIEN ” |
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su doble lectura: de ser funcional
a la puesta y de dominio absoluto
sobre la realidad; además
hay que decir que nada es superfluo
y ningún signo está
librado al azar. Se agradece
al director que haya apelado
al humor, puesto que de lo contrario
nos veríamos reflejados
en una verdad insoportable.
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