“Antígona”,
en la versión
de Jean Anouilh,
dirigida por Dora
Milea, trata sobre
la lucha de poder,
sobre la ética,
la defensa del
bien a pesar de
la vida. Antígona,
hija de Edipo
y Yocasta, a la
que sólo
le queda una hermana,
Ismena, quiere
enterrar a su
hermano asesinado,
según el
rito, por sobre
la prohibición
del rey Creón,
su tío.
Están muy
bien trabajados
el enfoque y los
tipos psicológicos
y la humanidad
de los personajes
en cuanto se debaten
entre sus grandezas
y sus miserias
y entre la certeza
y la duda.
El
prólogo,
el epílogo
y los comentarios
(a modo de coro)
están a
cargo de la actriz
Laura Bogan, en
una actuación
sobria, como lo
requiere la puesta.
Antonio Ugo, en
el personaje de
Creón,
hace una creación
donde se puede
observar con placer
como logra la
versatilidad de
ese rey y hombre,
esto tanto en
relación
con su hijo como
con su sobrina.
Antígona
es interpretada
por la actriz
Ana Yovino, con
muy buen manejo
corporal y del
espacio, lográndose
observar el padecimiento
de su debate
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entre en el
deber, que la
llevará
a la muerte
y su amor a
la vida. Es
necesario decir,
que por momentos,
resulta molesto
el modo de hablar,
siempre en un
lamento y sin
matices, cuando
sí el
personaje los
tiene, pero
haciendo la
salvedad de
que se trata
de una marca
de dirección,
puesto que hemos
podido observar
en otras obras,
la potencia
y ductilidad
de la voy de
la actriz Ana
Yovino.
Es muy tierna
la interpretación
de Susana Zoppi
en el rol de
la nodriza.
Los personajes
de Hemón,
Guardia e Ismena,
interpretados
por Pablo Finamore,
Martín
Urbaneja y Ana
Riveros, están
en consonancia
con la puesta.
El espacio tiene
un entre piso,
desde donde
se abre la obra
con el prólogo
y observa la
acción
la coreuta,
y un enrejado
de metal a modo
de baranda,
que al final
baja y se convierte
en la cueva
donde morirán
Antígona
y Hemón,
logran una imagen
muy potente
y de gran belleza.
No se utiliza
nada más,
ni tampoco objetos
y con eso es
suficiente para
enmarcar esta
obra que hace
hincapié
en los estados
de los personajes.
El diseño
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escenográfico
es de Ignacio Riveros.
Es muy bueno el trabajo
de iluminación
de Leandra Rodríguez,
donde se puede destacar
los climas con el afuera
(cuando Antígona
observa el jardín
al amanecer), el tratmiento
lumínico del
piso (dándole
un color y brillo que
convierte un patio en
el piso del palacio,
y sobre todo cuando
se proyecta la sombra
del enrejado, en un
juego muy bello de frontales
y contraluces, sobre
Antígona –
presa de su decisión.
El diseño del
vestuario es de Sofía
Danunzio es muy sobrio,
pero marcando con detalles
muy bien seleccionados
los caracteres de cada
personaje y contemporiza
con la totalidad de
la idea de la puesta.
Una bella versión
de esta tragedia eterna
que habla sobre la condición
humana y por lo tanto,
también con su
lectura actual.
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