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La
idea de ubicar
los personajes
de LA ORESTIADA
en una calurosa
nochebuena en
Buenos Aires
es uno de los
muchos aciertos
de esta adaptación.
Lo realiza sin
cambiar un ápice
los conflictos
y los destinos
trágicos
de sus personajes.
Así vemos
a una Clitemnestra
doblegada por
el dolor por
la muerte de
su hija, conteniendo
su deseo por
su hijo Orestes
siempre al punto
del desborde.
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Crisostemis es
una muchacha a
las que todo censuran
y no escatima
medios para ganarse
el afecto de su
familia. Egisto
un “jefe
de familia”
despótico,
no para de contar
anécdotas
que no interesan
a nadie. Orestes
totalmente borracho
y apático
apenas entiende
lo que pasa. Electra
no deja de echarle
en cara a su madre,
el asesinato de
su padre y busca
cualquier medio
para convencer
a Orestes para
consumar una venganza.
Todo esto en las
horas previas
a que den las
doce campanadas.
La libertad que
se permitió
el director Guillemo
Cacace al combinar
el rito navideño
con la tragedia
griega es admirable.
A un monologo
de Clitemnestra
se sucede un baile
de música
bolichera ejecutado
por toda la
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familia, al intento
de asesinato de
Orestes a su madre,
la familia tira
cohetes, y luego
de la escena de
seducción
entre los dos
hermanos, aparece
un pequeño
Papa Noel a pilas.
En un elenco brillante
quiero destacar
la Crisostemis
de Clarisa Korovsky
tierna y querible.
La escenográfa
Verónica
Segal aprovecho
integralmente
todo el espacio
de la sala, inclusive
las ventanas de
la sala que dan
a la calle son
abiertas para
“saludar
a los vecinos”.
Un desafío
largamente superado
el de mostrar
a esta familia
con problemas.
O acaso la suya
nos los tiene?.
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