La
obra “Luisa”
de Daniel Veronese,
dirigida por Diego
Brienza, es fina,
exquisita y delicada.
El director adaptó
el monólogo
de Veronese y
lo transformó
en una obra de
cámara
para tres personas.
Luisa no le habla
a la tumba de
la madre sino
a un árbol
seco. El novio
Agustín,
al que Luisa siempre
espera, toma cuerpo
en un querible
guapo de barrio,
con farol incluido.
Lo más
impactante de
la obra es la
aparición
del alterego de
Luisa, inquieto,
desaforado, con
las emociones
a flor de piel
que contrasta
con la quietud,
finura y pudor
de la misma Luisa.
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LUISA |
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Los
tres personajes
nunca dialogan
entre sí.
Cada uno cuenta
su historia,
produciéndose
graciosos contrapuntos
de acuerdo a
la visión
que tiene cada
uno de un mismo
hecho.
Las actuaciones
son muy buenas.
Analía
García
es una Luisa
que nunca decide
hacerse cargo
de su vida,
la frustración
se deja entrever
debajo de su
dulzura. Víctor
Salvatore compone
al guapo de
barrio haciendo
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una caricatura
de ese personaje.
Flor Sartelli
es un “otro
yo” que
abreva en los
mejores cómicos
del cine mudo.
Una cuidadosa
selección
de elementos
conforman una
bella escenografía.
Estupendo los
climas que logra
con su diseño
de luces Edgardo
Rodas.
El vestuario
está
cuidado en todos
los detalles
y logra estableces,
con certeza,
la personalidad
de cada personaje
a “un
golpe de vista”.
“Luisa”
es una obra
que conjuga
un buen texto,
muy buenas actuaciones
y un fino criterio
de puesta.
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