“Los
cuatro cubos”
es una obra escrita
por Fernando Arrabal,
presentada por
la Compañía
Buster Keaton
y dirigida por
Pablo Bontá
y Héctor
Segura.
En esta obra no
hay ni una sola
línea de
texto hablado,
es una secuencia
de movimientos
guionados. Los
actores trabajan
la construcción
de sus personajes
a partir de las
acciones físicas,
el desplazamiento
en el espacio
y la interacción
con los cubos.
Las actuaciones
de Eleonora Pereyra
y de Héctor
Segura son para
destacar. Están
muy bien logrados
los delineamientos
de cada personaje
y deja traslucir
el gran trabajo
de preparación
y entrenamiento,
tanto físico
como actoral,
para poder llegar
a esa síntesis
de precisión
que se logra en
escena.
El personaje que
interpreta Héctor
Segura es el de
un atleta bastante
decadente, un
poco miedoso y
también
obsesivo, muy
tímido
y de una inmensa
ternura.
En cuanto al personaje
que interpreta
Eleonora Pereyra,
se trata de una
mujer más
bien aniñada,
con más
inclinación
al juego, pero
que no se queda
atrás si
tiene que pelear
o hacer vencerle
la timidez a su
amado.
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LOS
CUATRO CUBOS |
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“Los
cuatro cubos”
es una obra
que transcurre
como si se estuviera
viendo, en el
teatro, una
secuencia de
cine mudo al
mejor estilo
Carlitos Chaplin
o, por qué
no, Buster Keaton.
El espacio escénico
está
delimitado por
un tapete blanco
de dos metros
de ancho que
cubre las paredes
de los costados,
desde el techo,
y atraviesa
el suelo. Sobre
ese tapete,
del que los
personajes no
salen, se instalan
los cuatro cubos
–que miden
un metro por
un metro- y
su construcción
está
inspirada en
el cuadro “Composición
en rojo, azul,
amarillo y gris”
de Piet Mondrian.
Ahora bien,
esa pintura
que fue realizada
en 1920, y actualmente
se encuentra
en el Museo
Nacional de
Ámsterdam,
es un cuadro
más bien
pequeño
pero que plasma
la esencia de
la obra de Mondrian
en su concepción
del arte como
el modo de reflejar
las leyes objetivas
de la naturaleza
y para ello
utilizó
elementos simples
como la línea
recta y los
colores puros.
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El deseaba que
su arte revelara
las inmutables
realidades que
se ocultan tras
las formas perecederas
de las apariencias
subjetivas.
Estas ideas
se entrelazan
y se plasman
en la puesta
en escena. Lo
que transmiten
estos personajes
es lo más
puro, simple
y esencial del
ser humano:
la ternura,
el amor, la
contradicción.
Ellos pintan
su historia
sobre la tela
del escenario.
Sobre blanco,
ponen el color
de la vida.
El vestuario
es muy sencillo:
remera, pantalón
y botas (tipo
de boxeo) y
sobre un predominio
del color negro
en las ropas,
se juega con
las formas y
colores del
cuadro y, además,
realizando un
divertido juego
de alternancias
entre la ropas
de la actriz
y del actor.
La escenografía
y el vestuario
fueron diseñados
por Alejandro
Mateo en un
excelente trabajo.
El diseño
de iluminación
es de Eli Sirlin,
con un muy acertado
trabajo, eligiendo
los blancos
para darle total
relevancia a
las imágenes
plásticas
y la utilización
de los frontales
verdes para
neutralizarlas,
cuando los personajes
o alguno de
ellos sale del
espacio escénico;
como así
también
la resolución
del final de
la obra, con
la utilización
de pines, escena
esta bellísima,
que no develaremos,
pero que sí
es necesario
destacar.
“Los cuatro
cubos”
es una obra
muy bella, con
excelentes actuaciones,
divertida y
de una gran
ternura.
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