Las
Suplicantes es
una versión
libre de la tragedia
de Esquilo, dirigida
por Daniel Casablanca.
El argumento de
esta tragedia
es el siguiente:
cincuenta hijas
de Dánao
son solicitadas
por sus primos,
hijos de Egipto,
para desposarse
cada uno con su
senda esposa.
Las hijas de Dánao
huyen aterrorizadas
y van a refugiarse
a Argos. Pero
los pretendientes
las siguen e intentan
apoderarse de
ellas. El rey
de Pelasgos, luego
de las súplicas
de estas y de
consultar a su
pueblo, promete
darles refugio.
En esta puesta
en escena y adaptación
de la tragedia
hay que separar
la concepción
escénica
de las actuaciones.
En
un amplio espacio
de paredes con
ladrillos a la
vista, se dispuso
tarimas cubiertas
de telas rojas,
a distintas alturas.
Hay dos atriles
ubicados a cada
extremo del escenario
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LAS
SUPLICANTES |
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que sostienen
láminas
con dibujos.
Dichas láminas
son sacadas
por los actores
y se ve que
cada una de
ellas ilustra
los distintos
pasajes de la
tragedia: la
huida de la
mujeres, la
llegada a Argos,
el dialogo con
el rey, el intento
de secuestro
del heraldo
egipcio y por
último
la cara de dicho
heraldo.
Se obtienen
imágenes
de gran belleza
plástica,
con la acertada
utilización
de telas de
color celeste
y rojo, en el
pasaje del viaje
de las mujeres
por el mar.
El sonido del
oleaje del mar
también
está
presente, mediante
el sonido provocado
por uno de los
actores moviendo
agua contendida
en un balde
forrado con
tela de arpillera.
Las luces son
muy buenas creando
todos los climas
requeridos para
la tragedia:
iluminando la
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violencia con
luces frías
y el temor y
la tensión
que sufren las
mujeres con
rojos y celestes.
La música
es bella y acertadamente
ubicada. El
aspecto plástico
de la obra es
bueno.
Es en las actuaciones
donde se pierde
toda la tensión
y belleza de
la obra. Todos
los actores
apelan al grito
para decir sus
textos. Da tanto
lo mismo las
súplicas
de las mujeres
como la duda
del rey Pelasgos
o la violencia
del heraldo,
todo esta dicho
en un mismo
registro: el
grito. No hay
matices, de
manera, que
la forma de
decir los textos
lo único
que provoca
es saturación.
Es innegable
la entrega física
de los actores,
en especial
la de las cuatro
mujeres que
interpretan
el coro de las
suplicantes,
pero eso no
alcanza para
transmitir los
múltiples
conflictos de
la tragedia.
Las suplicantes,
es una obra,
que no logra
conmover a pesar
de los gritos.
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