“La
omisión
de la familia
Coleman, es una
obra con dramaturgia
y dirección
de Claudio Tolcachir.
Una familia de
clase media, venida
a menos, es el
marco de referencia
para que el autor
y director muestre
el estado actual
de nuestra sociedad.
Esta familia esta
compuesta por
tres generaciones:
una anciana, su
hija, y los hijos
de esta última.
Cada una de estas
franjas generacionales
están traspasadas
por múltiples
problemas: la
anciana no puede
disfrutar su vejez,
su hija –generación
intermedia- no
se hace cargo
ni de su pasado
ni de su presente
y los más
jóvenes
se dividen entre
el que elige la
marginalidad como
forma de vida,
la que hace lo
imposible para
sobrevivir con
dignidad, la que
tiene una mejor
posición
social pero se
avergüenza
de su origen y
el desvalido porque
tiene una capacidad
diferente.
La obra casi no
deja afuera ningún
tema: la familia
disfuncional,
el abandono social,
el egoísmo,
el sálvese
quien pueda; todos
esos temas son
abordados de manera
lúcida.
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LA OMISIÓN
DE LA FAMILIA
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El
grotesco es
el género
elegido para
tocar este abanico
de problemas
sociales, porque,
las situaciones
cómicas
que se sucede
en la obra llega
a través
de lo trágico
que le pasa
a esta familia.
El humor es
negro, ácido
y corrosivo.
Es un acierto
la elección
del género
porque en otro
marco, se haría
muy difícil
“digerir”
esta brillante
observación
de las miserias
propias y ajenas.
El elenco no
tiene fisuras,
y están
completamente
compenetrados
en el juego
actoral que
propone la dirección.
Brillan Ellen
Wolf, una anciana
que trasunta
la tristeza
de comprender
todo y no poder
hacer nada;
Miriam Odorico
puso en su personaje
todos los vicios
de la época
menemista y
Lautaro Perotti
es un querible,
y nada estereotipado
personaje con
una capacidad
diferente,
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El espacio escénico,
donde se desarrolla
la mayor parte
de la obra,
es una verdadera
casa. Con su
living, su patio,
su cocina, la
puerta de entrada,
donde entran
y salen lo personajes
es la puerta
que da un pasillo
que da a una
calle. Estructura
real para escenas
casi irreales.
El otro ámbito,
las sala de
una clínica,
esta brillantemente
resuelto. Un
simple cambio
de luces y el
descubrimiento
de una cama
antes camuflada,
nos instala
en es esa sala.
El final de
la obra deja
una sensación
de pesadumbre
porque en este
sálvese
quien pueda
de los personajes,
a veces por
conveniencia,
por cansancio
o por comodidad,
siempre dejan
de lado los
desvalidos,
los más
débiles.
Armando Discépolo
dijo. “Aunque,
después
de todo, en
el teatro se
ve cómo
es un país”.
Nada más
cierto para
esta estupenda
obra, aunque
duela o moleste.
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