“El
hijo de El Hombre”
es una obra escrita
y dirigida por
Alejandro Ocón.
Trata sobre una
mujer que fue
violada por su
abuelo, que resultó
también
ser su padre y
a su vez el padre
del hijo y que
se enamora de
una monja que,
al mismo tiempo,
es su psicoanalista.
Ese bisabuelo-abuelo-padre
es el jefe de
una banda de maleantes
que maneja el
juego, la prostitución
y la liga inmobiliaria
del pueblo, cargo
del que se ocupará
su hijo cuando
sepa que lo es.
Asimismo, ese
hijo también
resulta ser hermano
de su madre y
se entederán
muy bien en esta
nueva relación.
Este complejo
entramado de relaciones,
llevado al extremo
del absurdo, es
el eje que utiliza
Ocón para
hablar sobre los
nuevos tipos de
familia, tan inherente
e indispensables
al ser humano
en la necesidad
de construcción
de lazos y vínculo
como puede y con
lo que tiene.
La estructura
dramática
está trabajada,
en muy acertada
decisión,
en tono |
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EL
HIJO DE “EL
HOMBRE” |
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de comedia y
resulta una
obra muy dinámica
que sostiene
la intriga y
con una resolución
de final feliz.
La actuaciones
están
a cargo de Alejandro
Ocón,
como Jesús
–el hijo/hermano
que parte de
la obra hace
votos de silencio
y por lo tanto
se maneja por
señas,
en una muy buena
construcción
de su personaje.
Judith Schmorak
es Aída,
la monja psicoanalista
que se enamora
de la madre
de Jesús
y es correspondida
por ella, en
muy buen trabajo.
Viviana Longueira,
compone al personaje
María
–madre/hermana
de Jesús,
logrando
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buenos momentos
de actuación
en los pasajes
más divertidos
de su personaje.
Y Daniel García,
en el rol de
César,
amigo y colega
de Jesús
en sus negocios
truculentos.
El espacio está
enmarcado, a
modo de cámara
negra, con cortinados
de color dorado
y bordó
obispal, y marcando
el medio, una
franjan de tela
blanca con una
gran cruz en
el medio. Hay
hacia delante
una mesa con
una estatuilla
de un santo
sobre ella y
hacia aforo
y a la derecha
un muble de
estilo a modo
de diván
y un sillón,
que también
remiten a mobiliario
de iglesia,
que se convierten
en consultorio
de la psicoanalista
o en parroquia,
según
el caso.
En cuanto al
vestuario y
al diseño
de luces, acompañan
al resto de
los elementos,
en perfecta
conjunción
con la idea
de la obra.
“El hijo
de El Hombre”
es una obra
muy interesante,
desprejuiciada,
inteligente
y valiente y,
además,
divertida.
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