“Desde
el jardín”
es una novela
de Jerzy Kosinski,
con adaptación
teatral de Edwuard
Nutkiewicz, y
dirigida por Néstor
Romero.
La anécdota
de esta obra es
la historia de
un hombre que
ha vivido toda
su vida en la
casa de un hombre
rico, en un cuarto
con una televisión
y que se dedicó
al cuidado del
jardín
de la mansión.
El dueño
de la casa muere
y cuando se abre
su sucesión
el jardinero debe
abandonarla, siendo
la primera vez
que sale a la
calle. Es atropellado
por un auto y
el chofer que
lo conducía
lo lleva hasta
la casa de sus
patrón,
poderoso hombre
de las finanzas.
Se queda a vivir
en esa nueva casa
y ahí conoce
hasta al Presidente
de la Nación.
Este hombre –Carlos
Jardinero- que
no tiene otra
forma de comunicarse
sino es a través
de lo único
que ha conocido
en su vida: el
jardín
y las plantas;
se convirtió
para esos poderosos
es un genio que
habla metafóricamente;
y de ese modo
se inserta en
la sociedad y
en la política.Por
intermedio de
esta historia
de lo que realmente
se habla es de
la manipulación
del poder –ya
sea político,
económico
y el de los medios
de comunicación-
en manos de un
reducido grupo
que hacen y deshacen
a su
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DESDE
EL JARDÍN |
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conveniencia
sin importarles
nada del otro,
toman lo que
les sirve y
lo demás
no existe (ni
siquiera se
toman el trabajo
de comprender
cabalmente a
un hombre que
es sencillo
y que su vida
ha sido un jardín,
sino que lo
acomodan para
su provecho).
Es impecable
la versión
libre para teatro
realizada por
Edwuard Nutkiewicz.
Una tarea difícil
ya que está
instalada en
el imaginario,
y como de culto,
la película
protagonizada
por Peter Sellers.
En la pieza
teatral se mantiene
la intriga,
los diálogos
fluidos y la
resolución
de la obra.
Las
actuaciones
están
muy bien y,
sobre todo,
muy bien construidos
los personajes;
aunque por momentos
se demoran mucho
tiempo en la
acción,
como instalándose
en la misma;
haciendo la
salvedad que
esto no es un
problema de
actuación,
sino de dirección
de actores y
tampoco va en
desmedro de
la obra sino
del tempo-ritmo
de la misma.
En cuanto al
espacio, Romero,
decidió
colocar las
butacas de los
espectadores
en forma de
U y en el centro
de la misma,
el espacio escénico,
que a su vez,
está
demarcado por
un tapete plástico
de color blanco
que atraviesa
el piso y sube
por la pared
de
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aforo.
Los únicos
objetos que
hay en escena
son una pequeña
mesa con ruedita
y sobre ella
un televisor
y, cuando son
necesarias,
algunas sillas.
De la parrilla
penden tres
televisores
donde se proyecta
para el público
lo que mira
por televisión
el protagonista
–imágenes
que tienen que
ver con lo que
está
sucediendo en
escena, muy
bien elegidas-
y sobre la pared
de aforo se
proyectan imágenes
para ambientar
las escenas
(ya sea el jardín,
una ventana
que da al jardín,
la calle, una
mansión,
un dormitorio
o un estudio).
Toda la concepción
espacial de
“Desde
el jardín”
es bellísima,
inteligente
y muy bien aprovechados
los recursos
técnicos.
Tanto las imágenes
de interiores
como el vestuario
le dan marco
de época,
situándola
en la década
del ’60.
La ropa que
luce la actriz
María
Alejandra Bonetto
como el personaje
E.E., es maravillosa,
bellísima.
Bonetto luce
unos vestidos
increíbles
y con sus respectivos
accesorios,
como así
también
está
perfectamente
escogido el
vestuario masculino,
cuidando el
más mínimo
detalle (a modo
de ejemplo:
el reloj y los
gemelos que
utiliza el actor
Leopoldo Verona
en su personaje
de Benjamín).
El diseño
de la escenografía
y del vestuario
están
a cardo de Alberto
Bellatti.
“Desde
el jardín”
es una obra
muy buena y
muy oportuna
su presentación
como para permitir
la reflexión.
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