Una
mujer, que apenas
puede con su cuerpo,
y un hombre ciego
deambulan sin
destino por la
ciudad. No se
conocen pero tienen
dos características
en común:
son desvalidos
y están
desamparados.
El destino los
hace encontrarse.
Al inicio del
encuentro se suceden
el rechazo, la
desconfianza,
el recelo y el
egoísmo.
De a poco todo
irá transformándose
hasta el punto
de que la mujer
se convierte en
el lazarillo del
hombre y él
en el sostén
de ella en un
viaje a un lugar
en donde se permiten
gozar y sentirse
humanos.
“Debajo
del cielo”,
espectáculo
de danza teatro,
dirigida por Máximo
Salas, provoca
y crea poesía
sin soslayar el
mundo precario
en el que se mueven
estos desposeídos.
Un pedazo de pan
se convierte en
el motivo de una
cruel pelea. El
piso y un trozo
de papel es la
única cama
posible. El afecto
se obtiene a cuenta
gotas y a hurtadillas.
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Estos
marginales son
interpretados
magníficamente
por Rhea Volij
y por Pablo
Medina, tanto
en el aspectos
técnico
de los movimientos
como en la composición
de los personajes.
Volij transmite
con su cuerpo
y con la gestualidad
de su rostro
todos los estados
por los que
transita esa
mujer: desde
la carencia
hasta la plenitud.
Medina es un
ciego, que ni
aún en
un momento de
felicidad, olvida
su condición
de marginado.
Un espacio vacío
es poblado por
pocos, pero
adecuados elementos
que insinúan
lugares y ámbitos.
La luz no logra
crear la diferencia
entre el clima
de desamparo
de la ciudad
y ese momento
de felicidad
a la vera de
un río.
La bella música
de Carlé
Costa deja filtrar,
entre los ruidos
de la ciudad,
chamamés
y valses.
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“Debajo
del cielo”
es un bello
espectáculo
que aúna
la poesía
con lo marginal.
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