Cuando
reporteamos a Guillermo Ghio, integrante
del grupo Humoris Dramatis, nos
decía que el grupo ya necesitaba
su espacio propio.
Walter Velásquez, director
y dramaturgo, nos transmitió
su sensación de felicidad
al ir descubriendo un teatro a medida
que sacaba trastos viejos y mugre
de una carpintería.
Berta Goldenberg nos cuenta, en
el reportaje de este número
de CRÍTICA TEATRAL, como
transformaron el garaje de una empresa
de transportes en el bello teatro
Anfitrión.
Es inherente a los grupos de teatro
independiente la necesidad de tener
su propio lugar de creación
y expresión.
Es de destacar y reconocer, tal
el caso de los teatros Absurdo Palermo
y de Anfitrión, cómo
se pone en funcionamiento la imaginación,
la decisión y el trabajo
arduo de los grupos para convertir
el ámbito más insospechado
en un teatro.
Casas refaccionadas, galpones, fábricas,
etc., pueden servir para crear un
teatro, que como si esto fuese poco,
también hacen exposiciones
de pinturas y recitales de música.
Por eso, si la casona vieja de al
lado de su casa, un día,
de pronto, rejuvenece con una mano
de pintura y se escuchan voces y
música, no se asuste, no
son fantasmas, es un teatro.
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