Y
su tiempo transcurrió entre
la poesía y el teatro,
pero siempre con una mirada crítica
mostrando el caos, la injusticia
y la desigualdad. En la obra “La
ópera de tres centavos”,
uno de sus personajes, el delincuente
Mackie, dice: “...¿qué
significa asaltar un banco comparado
a fundarlo?...”. Manejó
la ironía como pocos.
Fue
un hombre de ironía ácida
y rechazaba y parodiaba al sentimentalismo
en el teatro. Fue así como
perfeccionó la técnica
del teatro épico y a este
aplicó la concepción
del distanciamiento. Partiendo
de los que reconoce como sus maestros
–Piscator y Meyerhold- diseñó
la forma de lograr el distanciamiento
por parte del público con
recursos tales como establecer
una deliberada dicotomía
entre palabra y música,
utilizando la proyección
de carteles, dirigiéndose
directamente al público,
los espectadores no deben nunca
dejar de advertir que están
en un teatro.
En
Buenos Aires está en escena
“La resistible ascensión
de Arturo Ui”. Es una parodia
sobre la ascensión y toma
del poder de Hitler. En 1945,
se le cuestionó a Brecht
haber utilizado el humor para
tratar un tema tan sensible, a
lo que respondió: “...los
grandes criminales políticos
deben ser expuestos, y en particular
expuestos a la risa. Pues no existen
grandes criminales políticos,
sino perpetradores de grandes
crímenes políticos...”
Viendo
la Versión de Robert Sturua
de “La resistible ascensión
de Arturo Ui” es imposible
no asociar esa parodia con la
historia de nuestro país.
Nuestra sociedad permitió
que “pequeños pillos”
se convirtieran en “grandes
pillos” y que produjeran
un holocausto.
Bertolt
Brecht murió en 1956 y
su obra conserva intacta su vigencia,
ponerla en escena es necesario,
vital, porque el mundo ha cambiado
mucho pero los “perpetradores
de grandes crímenes políticos”
siguen existiendo; sino sólo
necesitamos pensar en las décadas
del ’70, ’90 y hasta
nuestros días, en nuestro
propio país o en la invasión
al pueblo de Irak.
En
la obra “Final feliz”,
Bertolt Brecht hace cantar a un
coro formado por los “santos”
del Ejercito de Salvación,
a saber: San Ford, San Morgan,
San Rockefeller;
el himno “Hosanna a los
millonarios”:
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Dad
a los ricos, riquezas, ¡Hosanna!
Y dadles también virtud,
¡Hosanna!
Al que tiene, dadle más,
¡Hosanna!
Dadle el país, y también
la ciudad.... |
Bienvenido,
siempre bienvenido Bertolt Brecht
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