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Editorial Nº 28

BERTOLT BRECHT
 

       Bertolt Brecht nació el 10 de febrero de 1898 en Ausburgo, Alemania.
Fue un hombre de su tiempo y como tal, su legado llega hasta nuestros días.
En su poema “A los que vendrán” escribió Brecht:
                                
Llegué a las ciudades en tiempos de desorden
Cuando reinaba el hambre.
Me mezcle con los hombres en tiempos de insurrección
Y me rebelé con ellos.
Así transcurrió el tiempo Que me fue concedido en este mundo.

       Y su tiempo transcurrió entre la poesía y el teatro, pero siempre con una mirada crítica mostrando el caos, la injusticia y la desigualdad. En la obra “La ópera de tres centavos”, uno de sus personajes, el delincuente Mackie, dice: “...¿qué significa asaltar un banco comparado a fundarlo?...”. Manejó la ironía como pocos.
       Fue un hombre de ironía ácida y rechazaba y parodiaba al sentimentalismo en el teatro. Fue así como perfeccionó la técnica del teatro épico y a este aplicó la concepción del distanciamiento. Partiendo de los que reconoce como sus maestros –Piscator y Meyerhold- diseñó la forma de lograr el distanciamiento por parte del público con recursos tales como establecer una deliberada dicotomía entre palabra y música, utilizando la proyección de carteles, dirigiéndose directamente al público, los espectadores no deben nunca dejar de advertir que están en un teatro.
      En Buenos Aires está en escena “La resistible ascensión de Arturo Ui”. Es una parodia sobre la ascensión y toma del poder de Hitler. En 1945, se le cuestionó a Brecht haber utilizado el humor para tratar un tema tan sensible, a lo que respondió: “...los grandes criminales políticos deben ser expuestos, y en particular expuestos a la risa. Pues no existen grandes criminales políticos, sino perpetradores de grandes crímenes políticos...”
      Viendo la Versión de Robert Sturua de “La resistible ascensión de Arturo Ui” es imposible no asociar esa parodia con la historia de nuestro país. Nuestra sociedad permitió que “pequeños pillos” se convirtieran en “grandes pillos” y que produjeran un holocausto.
       Bertolt Brecht murió en 1956 y su obra conserva intacta su vigencia, ponerla en escena es necesario, vital, porque el mundo ha cambiado mucho pero los “perpetradores de grandes crímenes políticos” siguen existiendo; sino sólo necesitamos pensar en las décadas del ’70, ’90 y hasta nuestros días, en nuestro propio país o en la invasión al pueblo de Irak.
       En la obra “Final feliz”, Bertolt Brecht hace cantar a un coro formado por los “santos” del Ejercito de Salvación, a saber: San Ford, San Morgan, San        Rockefeller; el himno “Hosanna a los millonarios”:

       

Dad a los ricos, riquezas, ¡Hosanna!
Y dadles también virtud, ¡Hosanna!
Al que tiene, dadle más, ¡Hosanna!
Dadle el país, y también la ciudad....

Bienvenido, siempre bienvenido Bertolt Brecht

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