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TÉCNICA Y REPRESENTANCIÓN TEATRALES
LUIBA CID y RAMÓN NIETO


“Técnica y representación teatrales” de Luiba Cid y Ramón Nieto es un pequeño libro (formato de bolsillo) sumamente interesante en cuanto que, a modo de manual, contiene cuanto sea necesario saber en relación al teatro –lo necesario, de manera escueta y sin extenderse- lo indispensable.
Este libro contiene un pequeño diccionario, la descripción de los roles (actor, director, autor, crítico), una historia de la representación, las escuelas y métodos de representación
(Stanislavski, Meyerhold, Brecht, Grotowski, Barba), técnicas de montaje teatral (iluminación, vestuario, maquillaje, etc.).
Un libro de consulta permanente y como para una primera aproximación a los temas (que para un estudio más complejo, este mismo libro, en su apéndice posee un listado bibliográfico)


         
ADRIANA GONZÁLEZ

Citaremos un pequeño párrafo que cuenta algunas anécdotas sobre la historia de la crítica

        “...En el Londres romántico, cuando Oscar Wilde estreno “El abanico de lady Windermere”, su primera comedia, obtuvo una acogida entusiasta por parte del público a los largo de los cuatro actos, pero los críticos fueron despiadados con el autor, y le hicieron objeto de toda clase de observaciones burlonas, excepto uno, Frank Harris (que más tarde escribiría el libro “Vida y confesiones de Oscar Wilde”), quien se enfrentó con todos ellos en las discusiones que mantuvo al finalizar la obra y en el comentario que publicó al día siguiente. El caso de Harris es muy peculiar, pues en vez de mantener la eterna pugna con el autor, con quien se enfrenta es con sus compañeros de profesión.
        En un plano menos agresivo, Goethe consideraba que la misión del crítico no era la de juzgar, sino que debía contestar a estas tres preguntas: ¿qué se propuso el autor? ¿lo ha conseguido? ¿valía la pena?.
Ya en la segunda mitad del Siglo XIX, y en un momento en que los teatros de         París eran el polo de atracción del mundo entero, surgió la figura de         Francisque Sarcey, un crítica que mantuvo por más de cuarenta años su autoridad entre el público, que le seguía con los ojos cerrados, merced a su compenetración con el gusto de ese público, a quien no pretendía educar y a quien venía a decir: ‘esto es lo que os gusta, esto es lo que querías ver, esto es lo que deseabais que se representara en un escenario, esto es lo que podéis ir a ver con entera confianza’. La crónicas de Sarcey decidían así el éxito de un espectáculo. Y también el fracaso, pues le era muy fácil convencer a sus innumerables lectores de que tal o cual obra no les iba a gustar, no valía la pena que fueran a verla..., y la obra en cuestión se hundía en la frialdad de un local desierto.
De las especiales relaciones (por llamarlas de alguna manera) entre críticos y

actores se ha dicho de todo. Contaba Ortega y Gasset en “El espectador” que conoció a un crítico que escribía sus comentarios en función de las “propinas” (en tiempos recientes se llamó “el sobre”) con que le obsequiaban actores o autores. El tal crítico, a quien un interprete le había prometido mil pesetas al acabar la representación, promesa que no cumplió, se vengó de la falta de palabra dedicándole esta frase al final de su crítica: ‘olvidábamos citar al actor X... es un artista que promete, veremos si cumple...”

TÉCNICA Y REPRESENTACIÓN TEATRALES. Liuba Cid y Ramón Nieto. Acento Editorial. Madrid 1999. Pp.26/27.

 
 

 

 
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