UN
MOMENTO AGRADABLE
“Sanos
y salvos”
es un espectáculo
con idea y dirección
de Gerardo Hochman.
En un amplio
galpón,
una pasarela
simula ser una
larga calle
color azul.
Al fondo de
esa calle unos
músicos
ejecutan una
hermosa melodía.
Hombres y mujeres
realizan, sobre
esa calle-pasarela,
diversas suertes
de acrobacias
aprovechando
todo el largo
de la misma.
Al comienzo
van de uno en
uno, luego se
irán
integrando hasta
conformar un
conjunto lleno
de entrega y
energía.
De este espectáculo
se destaca la
conjunción
de esa entrega
y energía,
con un estilizado
planteo escénico
y una exquisita
banda de sonido
tocada en vivo.
Equilibrio en
aros, acrobacias
a dúo
y los malabares
son -junto a
disciplinas
no muy vistas
como el palo
chino y el aro
romano (excelentes
ambas en su
ejecución)-
los distintos
números
que se brindan
a todo lo largo
de la función.
Entre una disciplina
y otra, el conjunto
de artistas
bailan gimnásticas
coreografías
o un singular
personaje, flaquísimo,
siempre a punto
de desfallecer,
realiza diferentes
números
de equilibrio
y malabares
(estos últimos
con elementos
muy poco convencionales).
El espectáculo
falla cuando
algunos integrantes
de la trouppe
juegan escenas
en que deben
decir textos.
Los mismos son
repetidos mecánicamente
y no existe
el menor atisbo
de verosimilitud
en sus dichos.
No pasa lo mismo
cuando juegan
escenas en donde
ponen en juego
su gestualidad
y su pericia
física,
las mismas son
resueltas con
mucha gracia
y soltura.
La escenografía
de Duillio della
Pittima es sencilla
y funcional
a las necesidades
que este tipo
de espectáculo
requiere.
Las luces de
Gonzalo Córdova
crean bellísimos
ambientes para
cada cuadro.
Como dijimos,
uno de los puntos
más altos
del espectáculo
es la música
compuesta por
Omar Giammarco
y ejecutada,
en forma brillante,
por un grupo
de músicos,
que también
aportan (con
mucha soltura)
sus dotes actorales.
“Sanos
y salvos”
es un espectáculo
entretenido
en que el asombro
solo aparece
por momentos.