DETRÁS
DE LA COMEDIA
“El año
del leberwurst”
es una obra
escrita y dirigida
por Christian
Morales.
El blanco y
el negro son
los colores
excluyentes
utilizados en
la escenografía
y en el vestuario
de esta obra:
el piso, los
tomas corrientes,
el cuadro colgado
en la pared,
la bebida que
toman (leche),
el video-clip
de Madonna (que
se repite una
y otra vez en
una computadora),
camisas, pantalones,
slip, rosarios,
sillones, todo
juega con esos
dos colores.
Hago esta referencia
en el principio
de la crítica,
porque el planteo
de la obra propone
una diyuntiva:
o se es blanco
o se es negro.
Asimismo, reflexiona,
sobre los riesgos
que se corren
al elegir ser
como cada uno
siente, a pesar
de las reglas
de la sociedad,
la religión
y la moral social
establecida.
El acierto es
que, el dramaturgo
y director,
eligió
hacerlo a través
de una obra
que tiene el
estilo de aquellas
comedias hollywodenses
de los años
’60, en
que los conflictos,
que al parecer
no tenían
solución,
se resolvían
mágicamente
con una canción
o con una dulce
melodía
repleta de violines.
Así temas
espinosos como
por ejemplo:
la duda sobre
la propia sexualidad
o lo que es
promiscuo o
no, son tratados
lucidamente
pero sin dramatismos.
Los iconos y
clichés
de lo masculino,
femenino y homosexual
son pasados
por el tamiz
de un humor
a veces ácido
y otras deliberadamente
blanco.
Al elenco se
lo observa desprejuiciado
y entregados
totalmente a
la consigna
de llevar a
sus personajes
al máximo
del estereotipo.
Como dije al
principio de
la crítica
el aspecto formal
de la obra es
cuidado, con
elementos, que
dan al conjunto
un ligero toque
“kitch”.
La iluminación
de Christian
Gadea es muy
buena. Utiliza,
en algunas ocasiones,
el recurso de
que la luz se
emita de algunos
objetos escenograficos
y logra de esta
manera estupendos
contraluces
y climas.
“El año
del leberwurst”
una muy buena
comedia, que
entre risa y
risa, promueve
más de
un tema para
reflexionar.