LA
LUCIDEZ DE LO
INDEFINIDO
“La venda”
es una adaptación
hecha para teatro
por Gabriela
Izcovich de
la novela “Los
ojos vendados”
de Siri Hustvedt,
dirigida por
la misma Izcovich
y Carolina Zaccagnini.
La obra aborda
los territorios
de las relaciones
humanas, que
son a veces
indefinidos
y a veces las
fronteras se
diluyen.
Una mujer pasa
revista de “cómo”
fue su relación
con cuatro hombres.
A partir de
este disparador
aparecerán
distintas maneras
de relacionarse:
intentando captar
la esencia de
una persona
mediante el
estudio de sus
objetos personales,
convirtiéndose
en tan inasible
que casi no
se pueda tocar,
retratando la
parte mas horrorosa
de alguien para
mostrarla luego
al mundo en
una exposición
de fotos, escudriñando
a otros con
un cruel ojo
critico o travistiéndose
para poder encontrar
otra forma de
amar.
En lo estrictamente
escénico,
esta bella y
sugestiva obra,
usa como código
lo indefinido
y la mezcla,
(como en todas
las relaciones
humanas), de
distintos lenguajes
como el teatro,
la fotografía,
la pintura (excluyente,
por bella, la
escena en donde
dos personajes
hablan, pelean
y se aman sobre
la pintura “La
Tempestad”
de Giorgione)
y la música.
El espacio escénico
y el uso que
hacen los actores
del mismo tampoco
tienen límites.
En algunas ocasiones,
los personajes
se van de ese
cuadrado negro
que delimita
sus movimientos
para sostener
sus diálogos
desde la platea,
en alguna ocasión
pasan de ser
observados a
observadores
como ejemplo:
el fotógrafo
que le saca
durante un buen
rato fotos al
público,
(con esta acción
los espectadores
y actores cambian
su rol y se
crea un clima
tenso) o mantienen
intensas escenas
al lado del
público.
Las actuaciones
son estupendas,
muestran las
partes más
vulnerables
de un ser humano
junto con sus
grandezas y
miserias. Ningún
personaje es
arquetípico
de nada, pueden
variar en un
segundo de ser
tierno a cruel
y no por eso
transformarse
en un monstruo.
Gran parte del
mérito
de la ascética
belleza de esta
obra, se debe
a la cuidada
estética
(tanto en la
elección
de texturas,
como de objetos
o manejo espacial)
de Alicia Leloutre
y la magnifica,
descarnada y
poética
iluminación
de Leandra Rodríguez.
La música
y el diseño
sonoro de Iván
Baremboim deja
escuchar la
música
disco, con voces
de los personajes
y ruidos de
la ciudad en
el mismo código
de toda la obra:
fusionándolos.
“La Venda”
es una obra
de gran jerarquía
que indaga,
sin dar respuestas,
en el complejo
mundo de las
relaciones humanas.