BANFIELD,
OTRO LUGAR DONDE
SE ESPERA A
GODOT
“Esperando
a Godot”
es una obra
fundamental
de la dramaturgia
universal.
Fue escrita
por Samuel Beckett
del que se recordará,
el doce de este
mes, el centenario
de su nacimiento.
En esta versión,
el director
Omar Aita, situó
a los personajes
en un espacio
cubierto, en
su totalidad,
por un colchón
de pajas y con
un trémulo
árbol
azul, ubicado
al extremo derecho
a aforo.
En este espacio
Vladimiro y
Estragón
esperan a Godot.
Pozzo (junto
a su indescifrable
sirviente Lucky)
aparece dos
veces: exultante
y poderoso en
su primera aparición,
paupérrimo
y miserable
en la segunda.
Invariablemente
un mensajero
avisará
a Vladimir y
Estragón
que Godot no
vendrá
hoy, pero seguramente
lo hará
mañana.
El registro
de actuación
elegido es una
mezcla entre
la comicidad
clásica
(al estilo Pepe
Arias) y el
clown. En este
registro se
destaca Marcelo
Sánchez,
como Estragón,
poseedor de
una máscara
pícara
y tierna que
la explota magníficamente.
Omar Montero
aporta el contrapeso
justo con su
Vladimir terrenal
y confundido.
Estos actores
logran momentos
de gran intensidad,
como ejemplo:
el original
comienzo de
la obra o cuando
reflexionan
sobre la historia
de los dos ladrones.
El actor Nicolás
Cesare logra
mayor credibilidad
cuando su Pozzo
se debate en
su impotencia
que cuando demuestra
su poder. El
Lucky de Hernán
Vázquez
es ambiguo e
intrigante.
La escenógrafa
y vestuarista
Bárbara
Solari crea
la sensación
de que esta
historia se
desarrolla en
nuestro campo
y a su vez en
cualquier parte
del mundo, además
combina magníficamente
lo real (suelo
de paja, elementos
hechos de papel
y sogas, canastos,
copas, vasos)
con lo irreal
(un árbol
azul y un vestuario
completamente
ecléctico).
La muy buena
música
de Martina Vior
va de lo melodioso
a lo exasperante.
Esta lograda
versión,
permite acercarse
al maravilloso,
indescifrable,
irónico,
tierno, cruel
y humano universo
beckettiano.