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Editorial Nº53 - Año II

 

“AVANZAR SIN PRISA Y SIN PAUSA COMO LA ESTRELLA”
TEATRO DEL PUEBLO EN SU 75 ANIVERSARIO


El “Teatro del pueblo” toma su nombre y su espíritu del libro escrito Romain Rolland en el año 1903.
Fundado por Leonidas Barletta el grupo se declaraba como “Agrupación al servicio del arte” y su lema fundador fue una frase de Goethe: “Avanzar sin prisa y sin pausa como la estrella”.
Su primera sede como grupo fue un cuchitril de la calle Corrientes al 465, con 120 espectadores sentados, damos como dato que el telón era de arpillera. Luego pasaron por Carlos Pellegrini 340, Corrientes 1741, para instalarse con el nombre de Teatro del Pueblo, en el año 1937, en una sala de la calle Corrientes al 1530. Esta sala contaba con una capacidad de 1550 espectadores y más de una vez se colgaba el cartel de “No hay más localidades”. Tras la revolución de 1943 Barletta y su grupo fue desalojado de esa sala. A partir de su desalojo el teatro pasó a llamarse Teatro Municipal de la Ciudad de Buenos Aires. Una vez demolido el edificio, se construyó, en ese mismo predio lo que es hoy el Teatro Municipal General San Martín.
No fue fácil sacar a Barleta y los suyo de ese lugar, pero, finalmente piquetes de policías y bomberos lograron desalojarlos. Barletta no bajó sus brazos y se instaló en un subsuelo de la Diagonal Norte 943 donde actualmente se encuentra la sala.
Para dar una idea acabada de lo fundacional que fue este grupo, en su ideario independiente, para la actividad teatral del país, citaremos textualmente unos párrafos de un texto de Luis Ordaz, escrito para la revista Fibra de Lanús en el año 1934, y reproducidos en el libro “Personalidades, personajes y temas del teatro argentino” tomo 2, editado por el Instituto Nacional de Teatro en el año 2005.
Dice Ordaz:” En los componentes del Teatro del Pueblo no hay haraganes, todos trabajan en oficinas y talleres durante todo el día, y al llegar la noche, no van a sus casas a descansar, como hace los aburridos y egoístas que no ven más allá de sí mismos. Van a su “teatrito” y trabajan, hacen decorados, pintan, arreglan, ensayan, estudian y tratan de superarse. Y aun más lo hemos visto multiplicarse en el deseo de hacer llegar a todos su arte. Han ido con su carretón hasta la Exposición Rural, y no por eso han dejado su “estudio” de la calle Corrientes. Y desean más, piensan recorrerse el suburbio con su carretón, llevando su espectáculo a todos los extremos, sin reparar en distancias ni sacrificios, a donde nunca ha de llegar el teatro de boletería, con sus autores, fabricantes y directores que parecen especuladores de bolsa. Nosotros que hemos sido testigos invisibles de sus inquietudes y luchas, las apreciamos en todo su valor; y si nuestra palabra humildemente sirviera para alentarles en su grandiosa obra, sería nuestro mayor orgullo”.

 

CRÍTICA TEATRAL

 

 
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