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Reportaje
RICARDO TALENTO

El jueves 31 de marzo nos encontramos con Ricardo Talento en la esquina de Montes de Oca y California, en un bar querido por los vecinos de Barracas. La intención era realizar un reportaje, pero se transformo en una conversación tan rica y amena que no entra su totalidad en el formato de nuestra revista. Por ello, y para no tener que realizar ningún tipo de recorte, nos hemos visto obligados, no sin placer, a publicar esta conversación en dos partes. Aquí va la primera, en el próximo número la completamos. Ojalá la disfruten tanto como nosotros.

CT. Recién llegás de un viaje, ¿a dónde estuviste?
RT. En Oberá. Se presentaron tres grupos de la Provincia de Misiones: de Posadas “La murga de la estación”, de Oberá “La murga del monte”, de Eldorado “La murga del tomate” y el grupo de Puerto Rico que recién

está empezando.
Fue un encuentro de cuatro días, pusieron gradas, cuatrocientas sillas, estaba repleto, gente de pie, sentada en el suelo. Ve eso y uno dice: más allá del encuentro, esto hay que seguir haciéndolo, aunque no se programe un encuentro, que vengan elencos. ¡Esta ciudad en cuatro días movió cuatro mil y pico de personas! Sólo vi. teatro comunitario, ¡pero qué potencia tiene! Estoy sorprendido, porque voy a un encuentro de teatro y pienso que voy a encontrar compañeros, pero no, era una multitud.
“La murga del tomate” nació de un grupo de ingenieros agrónomos, que estudiaban el tema de los transgénicos y empezaron a difundirlo a través del teatro, y ahora están trabajando con chicos en situación de riesgo que se agregaron al grupo. Empezaron con una cosa y se convirtieron en un grupo de teatro comunitario.
Además en este encuentro hicieron algo que acá es muy difícil de hacer, el sábado se juntaron los tres grupos y presentaron un espectáculo en conjunto, donde ensamblaron sus obras y armaron un tercer espectáculos. Esta obra hablaba sobre la inmigración en Misiones.
En Posadas hay teatro, pero el clásico teatro a donde van veinte personas y sin embargo para ve al grupo “La murga de la estación” había cola de 700 u 800 personas. Está muy metido en la comunidad este tipo de teatro.
CT. ¿Están surgiendo nuevos grupos de teatro comunitario?
RT. El año pasado surgieron dos grupos en La Plata, uno es “Los ocupa del andén” que nació en la estación abandonada del ferrocarril provincial y el otro es “Los dardos de Rocha”, surge a consecuencia de un seminario que dimos con Adhemar (Bianchi) en la Comisión de la Memoria, se armó un grupo muy fuerte que habla sobre La Plata y su identidad. También, el año pasado se armaron grupos en Ramos Mejía, Ituzaingo, Villa Urquiza, bueno, hay veinticinco grupos en este momento.
CT. En constante crecimiento….
RT. Uno de los temas que tenemos es casi la imposibilidad física de retransmitir por eso estamos en plan de armar una escuela de teatro comunitario. Creo que el año que viene ya va a estar funcionando. Este año estamos armando la currícula de la escuela. Es un proyecto que se va a construir en Barracas y abarca la escuela de teatro comunitario junto con el Circuito Cultural Barracas. Nos han cedido una manzana debajo de la autopista. Si ese proyecto se da va ser maravilloso.
Esto coincide con una propuesta nuestra en tanto que si la autopista cortó al barrio, hacer algo que lo una, un nexo y va a ser muy importante. Mucha gente tiene interés y quiere saber cómo esto, cómo se hace. Hasta ahora, vamos con Adhemar a donde nos convocan, ahora estamos yendo a Berisso, donde también se armó un grupo de teatro comunitario.
CT. ¿Cómo es el acercamiento hacia ustedes?
RT. A partir de que hay un interés en una comunidad, como somos referentes de lo que es el teatro comunitario, nos llaman. Trabajamos, formamos gente, porque la idea es armar algo y que la gente del lugar se haga cargo y sigan funcionando. Luego continuamos conectados, nos reunimos una vez por mes todos los grupos. Ahí vemos nuestras necesidades, nuestros problemas.
El trabajo en red es muy importante porque, en definitiva, esa es la gran ayuda que uno puede dar: retransmitir experiencias, ver que pasa en los grupos, cómo se puede solucionar problemas.
CT. Diciembre de 2001 fue un quiebre para la sociedad argentina, ¿qué paso con el teatro comunitario?
RT. Ese fue el gran momento. En el 2000, junto con Catalinas, estabas pensando que era necesario retransmitir la experiencia del teatro comunitario, sino era una pena, que ganás con ser dos grupos que funcionen. Y en el 2001, principios de 2002 se dio el momento ideal, en tres años se armaron veinticinco grupos de teatro comunitario. La gente necesitó volver a encontrarse, contarse sus historias, recuperar la memoria, salir de su casa, del individualismo, como digo yo: se rompió la situación de la tarjeta de plástico y el shopping. En Barracas, en marzo de 2002, se inscribieron –no quiero mentir- alrededor de 160 personas. Una cosa de locos. ¿Cómo puede ser que venga tanta gente a hacer teatro? Creo que fue una necesidad, sana por otro lado, ante la angustia, el quiebre, la crisis; se volcó a la cultura. Y eso pasó en todos lados.
CT. ¿Cuál es el fundamento del teatro comunitario?
RT. Como fundamento estamos hablando del arte y la transformación social. Creo que ahí está el meollo.
Este año se hizo en Porto Alegre el Foro Mundial, hay una red latinoamericana de arte y transformación social. Nosotros fuimos, me toco ir en nombre de la Argentina. El leitmotiv del Foro era: “Otro mundo es posible” y yo plantee en mi charla “Otro mundo es posible si somos capaces de imaginarlo”. Estamos hablando de que todo ser humano es potencialmente creador y una de las cosas que más se han mutilado. La creación se ha deja a los artistas, entonces está en algunos, sólo unos pocos lo pueden desarrollar, los otros no tienen posibilidad de crear. El proyecto del teatro comunitario parte de lo contrario: todo somos creadores, por lo tanto podemos actuar, hacer una obra de teatro, comunicarnos a través del teatro. Volver a jugar, que es otra de las cosas mutiladas. El ser humano pasó los 12 o 13 años y ya no juega más, y el no jugar es una mutilación muy grande, perdés la capacidad de imaginar otras formas, que es lo que te permite el juego.
También está la otra cosa que es tratar al arte como si fuera la frutilla de la torta, lo exquisito, lo superfluo.
En el Foro surgió una cosa muy linda: se estableció que el arte es un derecho, así como la educación, la salud, el pan; el arte también está entre las prioridades del ser humano.
Si somos capaces de imaginar otra forma, quizás imaginemos otro mundo posible y no creer que ésta sea la única forma.
En cuanto a la responsabilidad del artista, todavía se tiene el concepto de que el artista tiene que ir al barrio o a los sectores pobres a mostrar su arte y nosotros pensamos que la responsabilidad del

artista es sociabilizar sus saberes para que el otro pueda desarrollar su capacidad creativa, empieza a imaginarse de otra manera. Un chico de la villa, en este momento puede imaginarse tocar un tambor, puede imaginarse armar un grupo de música, por ahí no puede imaginarse una estudio secundario o universitario; pero a partir de que armó la banda de música, o a partir que tocó el tambor o a partir que hizo teatro, se empieza a imaginar que también puede ir a la universidad, se puede imaginar que puede decidir que hacer con su vida. Ese es el paso, no se va a convertir nada más que en músico, eso le abrió el camino, el panorama. Volvemos a lo mismo, descubrió que es un ser creativo y ya no acepta las cosas como son, empieza a decir: esto podría ser de otra forma. Por eso creo que se mutila, es una de las partes más peligrosas del ser humano: su potencial creativo.
Eso es lo que estamos haciendo con el teatro comunitario. Desde el lado del teatro, porque, además, el teatro es un hecho colectivo, que
tenés que hacerlo con otros. Al ser comunitario, nosotros proponemos, en nuestras bases, que sea con mucha gente. No ponemos arbitrariamente que sea más de treinta, porque al ser más de treinta ya no es un hecho de un artista o de un iluminado, sino que empieza a ser un hecho colectivo. Y a su vez aparece el otro, la gente empieza a descubrir que
su individualidad crece con el otro, crece en lo colectivo y descubre también que lo colectivo se enriquece con su individualidad.
Esta cultura individualista que tenemos, de creer que en lo colectivo perdemos (no casualmente hay tanto consumo de talleres) es una actitud individual: aprendo o estudio tal cosa, pero me lo quedo para mí. Pero cuando se descubre que junto con lo colectivo crece la persona y crece lo colectivo y a su vez se realimenta continuamente, es también una apertura maravillosa, que cuesta, cuesta mucho descubrir eso.
Uno parte de lo que la gente sabe, todo el mundo cree que no sabe y todo el sabe y con lo que sabe vamos construyendo. Es una cosa que produce libertad y también un gran vértigo. La gente te pregunta continuamente: “¿no me vas a enseñar tal cosa?” y la respuesta es: no, la estás aprendiendo haciéndola, te estamos guiando. Vemos el proceso de cada uno, el proceso que se da en lo colectivo.
Están totalmente divididos los conceptos de lo que es el aprendizaje y de lo que es hacer. Tenés que ser alumno o maestro, y en este proyecto van descubriendo que en el hacer va produciendo un proceso de aprendizaje.
Esta cosa del teatro no es una herramienta para, es en sí mismo un proceso de enriquecimiento y de educación. Son muchos parámetros que tenemos impuestos que empezás, no digo a romperlos, pero sí a cuestionarlos.
El otro día pasó en Misiones. En uno de los espectáculos había un monólogo, era sobre como se prepara el mate, era fascinante verlo, porque era un tipo diciéndolo, pero además con doble intención: la planta del porongo, meto la mano y elijo el porongo. Era doble intención, pero estaba en una sutileza que no se pasaba a grosero. Yo estaba maravillado. Era un chico el que lo hacía, tendría veinticinco años, y después me entero que era el primer día que lo hacía porque el que realizaba ese monólogo no pudo hacerlo. Lo había hecho por primera vez. Y ahí había un actor por las pausas, por como mantenía el sutil límite entre la grosería y la doble intención. Todo el tema era como se preparaba el mate. Este vecino ¡el potencial que tiene! ¡el potencial creativo que tiene! ¡y cómo lo brinda y disfruta! A esa persona le cambia la vida. Y ahí es donde hablamos del tema de la transformación, porque esa persona se transforma en su casa, en su trabajo, en su vida cotidiana, y ahí aparece la transformación social, empieza a transformar su entorno su comunidad. Y ahí es cuando hablamos de arte y transformación social.

CT. ¿Qué sector social es el que mayoritariamente se acerca a los grupos de teatro comunitario?
RT. Con sectores
medios. A veces nos preguntan ¿cómo con sectores medios? Este sector es el más quebrado que hay en nuestro país. Somos sector medio, no estamos disfrazados de nada. Somos lo que somos y trabajamos con el sector que somos porque tiene una necesidad terrible, es el sector más quebrado. Es un sector que forma opinión, que a veces no tiene en claro para donde van las cosas, un día inclina la balanza por Blumberg y al otro para el otro lado, nuca sabe para donde va, escuchan la radio, y opinan en los medios. Un sector que tiene totalmente trastocado los valores. Es muy importante trabajar con los sectores medios.
En Brasil, estuve hablando con el Rector de la Facultad de Río de Janeiro y le llamó la atención esto, porque allá todo el mundo trabaja con los pobres.
Los sectores medios que forman opinión son la bisagra, son los que los que todavía tienen recursos, no sólo culturales, e influyen en esta religazón social que hace falta.
Uno no se está disfrazando de nada, trabajamos en el lugar de donde somos y con los vecinos. No vamos a la villa a trabajar y luego volvemos a casa calentitos. No. Trabajamos con lo que somos, con la gente, con nuestra gente, eso creo que es muy importante. Se liga también con lo que hablábamos en relación a la responsabilidad del artista, en cuanto que el artista se cree que debe llevar algo que él posee a los desposeídos, cuando por ahí en sí mismo él es un desposeído y no lo puede ver.
La cultura de mercado ha entrado tan profundamente en los sectores medios que es una de las cosas que uno trabaja continuamente. Hay gente que participa de este proyecto, pero lo está evaluando con cultura de mercado, pensando en qué gano yo con esto, que saco, que pongo. Todo el mundo que manifieste voluntad de estar en el proyecto, está incluido, pero a la gente le encanta tanto el casting, ahora bien, estamos todos incluidos y se preguntan cuál es la diferencia; porque en el fondo en el casting te eligen, entonces sos el elegido, ahora cuando le decís que está incluido quiere saber cual es su premio. Su premio es su evolución, si vas a participar, vas a crecer como ser humano, ese es el premio, no que alguien te va a decir fuiste el mejor entre diez. Son cosas que cuesta mucho verlas, terrible.

CT. Se trata de recuperar una cuestión ética…
RT. Nosotros tenemos implementado grupos de reflexión,
espontáneos, donde la gente se puede reunir a reflexionar sobre lo que está haciendo, como lo está haciendo, habitualmente uno o dos días a la semana. Hay que reflexionar continuamente porque si no empezas a perder de vista lo que estás haciendo y en eso aparecen cosas que te hacen ver lo quebrado que estamos.
Cuando entra alguien a este proyecto le decimos que esto es de todos, a partir de que te integras es tan tuyo como mío y una vez una señora me dijo que no los sentía como propio porque es como cuando alguien invita a su casa y le dicen la casa es tuya pero no dicen donde está el baño, el azúcar, la yerba. Entonces, a partir de ese momento, cada vez que entra alguien nuevo, otro compañero le hace ver donde están las cosas. Es como cuando hablamos de la memoria, y por ahí no trabajamos la memoria propia, el grupo tiene diez años, tiene su historia, y el que entra llega en bolas, así es como otro compañero que lleva más tiempo en el grupo, le muestra fotos, trabajamos la memoria interna para que el que viene no se sienta excluido en este aspecto. Esto que te digo es ideal, pero lo hacemos, a pesar de todas las dificultades, con todos los quilombos, todo tiene que ver con el trabajo, con el ser humano y eso es lo que tiene de hermoso, un hecho tan dinámico que no podé
decir: las reglas son estas. Continuamente se va acomodando y viendo porque es un hecho que motivamente va
cambiando.
Reflexionando sobre qué estás haciendo, para que lo haces, cómo lo estás haciendo es como vas encontrando caminos. Hay errores, que en la teoría están bien, pero en la práctica te hacen ruido, son procesos. Esto no es como en los grupos que son siempre los mismo, es muy dinámico, la gente va, viene, está un tiempo, después se va, regresa por ahí a los dos años, porque nuestra sociedad está muy frágil; en un año a la gente le cambia la vida: se queda sin trabajo, empieza un estudio, o le cambian el horario, en fin, nada está estable. Hubo casos de compañeros que estaban muy metido y se tuvieron que ir al exterior o al interior. Por eso es un proceso al que uno tiene que estar muy atento y adaptarse a esa dinámica, trabajando con esa dinámica tan móvil, tan activa.

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