El
actor del futuro y la biomecánica
El
actor que trabaja para la nueva clase deberá
revisar todos los cánones del viejo teatro.
La misma corporación de los actores se
situará en otras condiciones. El trabajo
del actor en el seno de la sociedad será
considerado como una producción necesaria
para una justa organización del trabajo
de todos los ciudadanos.
Pero
sucede que, en el campo de los procesos productivos,
no sólo puede distribuirse de manera
adecuada el tiempo de descanso, sino que es
indispensable individualizar los movimientos
productivos que permiten utilizar al máximo
todo el tiempo de trabajo. Examinando el de
un obrero experto, encontramos en sus movimientos:
1) ausencia de desplazamiento superfluos, improductivos;
2) ritmo; 3) determinación del centro
justo de gravedad del propio cuerpo; 4) resistencia.
Los movimientos fundados sobre estas bases se
distinguen por su carácter de “danza”;
el trabajo de un obrero experto recuerda siempre
la danza, y en este punto bordea los límites
del arte. El espectáculo de un individuo
dedicado a trabajar de modo preciso proporciona
siempre cierto placer.
Esto
sirve también igualmente para el trabajo
del actor del teatro del futuro.
En
el campo del arte, tenemos siempre que habérnoslas
con la organización del material.
El
constructivismo exige del artista que se convierta
también en ingeniero.
El
arte debe fundarse sobre base científicas,
toda la creación artística debe
hacerse conscientemente. El arte del actor consiste
en organizar su propio material, es decir, en
la capacidad de utilizar de forma correcta los
medios expresivos del propio cuerpo.
A
tal fin, el actor debe necesariamente: 1) poseer
un capacidad innata de excitabilidad reflexiva
(un individuo dotado de esta capacidad puede
comprender, conforme a sus dotes físicas,
cualquier empleo en la compañía);
2) el actor debe ser “físicamente
próspero”, es decir, debe tener
buena apariencia, resistencia corporal, sentir
en todo momento el centro de gravedad de su
propio cuerpo.
Puesto
que la creación del actor es creación
de formas plásticas en el espacio, debe
estudiar la mecánica del propio cuerpo(1)
. Le es indispensable, porque
(1)La
primera parte de esta afirmación procede
directamente, una vez más, de Appia:
“El espacio es nuestra vida; nuestra
vida crea el espacio, nuestro cuerpo
lo expresa” (L´oeuvre d´art
vivant, p 71). Es a partir de aquí, en
la búsqueda
técnica de cómo concretar la abstracción
conceptual, que Meyerhold elabora
la “práctica biomecánica”
de
interpretación.
cualquier
manifestación de fuerza (también
en un organismo vivo), está sujeta a
las leyes de la mecánica (y, naturalmente,
la creación de formas plásticas
en el espacio escénico por parte del
actor es una manifestación de fuerza
del organismo humano).
El
defecto fundamental del actor contemporáneo
es la absoluta ignorancia de las leyes de la
biomecánica.
Es
perfectamente natural que con los sistemas de
interpretación en auge hasta el momento
(“visceralidad”, “reviviscencia”
, que son la misma cosa, y que se distinguen
sólo por los procedimientos con que se
alcanzan: la primera mediante la narcosis, la
segunda mediante la hipnosis), la emoción
sobrepasaba siempre al actor, hasta el extremo
de que éste no podía responder
de sus propios movimientos y de su propia voz;
faltaba el control y el actor, naturalmente,
no podía garantizar el éxito o
el fracaso de su interpretación(2) .
Sólo
algunos actores excepcionalmente dotados intuían
el método justo de interpretación,
es decir, el principio de que hay que abordar
el papel no de dentro a fuera, sino al contrario,
de afuera adentro, lo que naturalmente contribuía
a desarrollar en ellos un enorme magisterio
técnico; así ha sucedido con La
Duse, Sarah Bernard, Grasso, Saljapin, Coquelin
y otros.
En
muchas cuestiones, la psicología no llega
a soluciones definitivas. Construir el edificio
teatral basándose en la psicología
es como construir una casa sobre la arena: acabará
necesariamente por caerse. Todo estado de ánimo
psicológico está condicionado
por determinados procesos fisiológicos.
Una vez encontrada la solución justa
del propio estado físico, el actor llega
al punto en que aparece la “excitabilidad”,
que contagia al público y le hace participar
en la interpretación del actor (lo que
antes llamábamos zachvat “garra”
y que constituye la esencia de su interpretación).
De toda una serie de posiciones y estados físicos
nacen los puntos de excitabilidad,
que después se colorean de éste
o aquel sentimiento.
Con
este sistema de suscitar el sentimiento,
el actor conserva siempre un fundamento muy
sólido: las premisas físicas.
(2)Este
ataque se dirige, por un lado, contra la interpretación
naturalista, por otro, y
principalmente, contra Stanislavsky
y su “método”. Es importante
precisar que
en su ataque a la emoción “narcótico-hipnótica”
y su propuesta
de trabajo
sobre el personaje “de fuera a adentro”,
se aproxima enormemente a las formulaciones
bechtianas
de la interpretación “superficial”,
es decir, “gestual”.
MEYERHOLD:
TEXTOS TEORICOS Edicion de Juan Antonio
Hormigón, 1998, Publicaciones de
la Asociación de Directores de
Escena de España, Madrid España,
pp 230, 231, 232.
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