METÁFORA
EPISTEMOLÓGICA
Según Humberto Eco, “el arte,
más que conocer del mundo, produce complementos
del mundo, formas autónomas que se añaden
a las existentes exhibiendo leyes propias y
vida personal.
No
obstante, toda forma artística puede
muy bien verse, si no como sustituto del conocimiento
científico, como metáfora epistemológica;
es decir, en cada siglo, el modo de estructurar
las formas del arte refleja –a guiza de
semejanza, de metaforización, de apunte
de resolución del concepto en figura-
el modo como la ciencia o, sin más, la
cultura de la época ven la realidad”
(6).
En este concepto de metáfora epistemológica
descansa nuestra hipótesis: muchas de
las obras y espectáculos del nuevo teatro
argentino constituyen metáforas epistemológicas
de nuestra manera actual de estar en el mundo.
El canon del nuevo teatro argentino, del que
participan las obras reunidas en este volumen,
se caracteriza por la atomización, la
diversidad y la coexistencia pacífica,
no beligerante, de micropoéticas y microconcepciones
estéticas, por lo que elegimos llamarlo
el “canon de la multiplicidad”.
Las nuevas condiciones estéticas generan
un paisaje teatral “desdelimitado”,
de “proliferación de mundos”
diversos. El efecto de la diversidad recorre
todos los órdenes de la práctica
teatral actual. Se observa tanto en el estallido
de las poéticas dramáticas y de
puesta en escena, como en las ideologías
estéticas (implícitas en las obras
o explicitadas teóricamente), las formas
de producción y los tipos de público,
así como en la aparición de nuevas
conceptualizaciones para pensar el fenómeno
de la diversidad.
Se ha impuesto un teatro de “teatristas”,
palabra que encarna constitutivamente la idea
de diversidad: define al creador que no se limita
al rol teatral restrictivo (dramaturgia o dirección
o actuación o escenografía, etc.)
y suma en su actividad el manejo de todos o
casi todos los oficios del arte del espectáculo.
Cano, Propato, Rosenbaum,
(6)Humberto Eco, Obra Abierta,
Barcelona, Ariel, 1984, pp. 88-89.
Spregelburd,
Tantanian y Veronese, todos ellos “teatristas”,
ejemplifican en la práctica teatral la
diversidad de esta noción.
Por otra parte, se ha multiplicado la idea de
“dramaturgia”, que hoy incluye variantes
sustanciales respecto de cómo se utilizaba
esta palabra en el pasado. Hoy puede hablarse
de dramaturgia de autor, de actor, de director
o grupo, según el sujeto productor de
la escritura. En la mayoría de los casos
estas categorías se integran fecundamente.
Las relaciones entre teatro y cultura manifiestan
al menos diversos rasgos novedosos que condicionan
y constituyen el funcionamiento del campo teatral:
a) la quiebra del pensamiento binario; b) el
efecto de destotalización o la desaparición
de representaciones ideológicas totalizadoras,
en estrecha relación con las implicancias
epistemológicas y metafísicas
que acarrea el “giro lingüístico”
en materia filosófica
(7); c) el auge de lo microsocial, lo
microcultural, lo micro político y las
prácticas del individualismo; d) la crisis
del pensamiento de izquierda y la atomización
de la visión política que en el
pasado unificaba a buena parte de los grupos
y teatristas argentinos, e) el fenómeno
de la heterogeneidad cultural, según
lo define José Joaquín Brunner
en Un espejo trizado (8),
f) el efecto de relativización del sentido
temporal y la coexistencia de tiempos diversos
o multitemporalidad; g) el pasaje de lo socioespacial
a lo sociocomunicacional (9),
a partir del auge de sofisticadas tecnologías
comunicacionales (televisión, satélites,
redes ópticas). La cultura de lo sociocomunicacional
se vincula con las ideas de “transparencia
del mal” (la saturación de la multiplicidad,
que de tanto ver no deja ver nada), el “simulacro”
y la virtualidad como instrumentos del “asesinato
de la realidad” (10).
Estas nuevas condiciones culturales generan
un canon teatral caracterizado por la “irreductibilidad
a lo uniforme”, que se manifiesta
(7)José
Elías Palti, Giro lingüístico
e historia intelectual, Universidad Nacional
de Quilmes, 1998; Dardo Scavino, La filosofía
actual, pensar sin certezas, Buenos Aires, Paidós,
1999. Cap l, pp. 21-22
(8)José Joaquín Brunner, Un espejo
trizado. Ensayo sobre cultura y políticas
culturales, Santiago de Chile, FLACSO, 1988
(9)Néstor García Canclini, “De
la identidades en una época postnacionalista”,
Cuadernos de Marcha, n 101 (enero 1995), pp.
17-21.
(10) Jean Baudrillard, La transparencia del
mal, Barcelona, Anagrama, 1991.
en
la nueva dramaturgia argentina a través
de cuatro rasgos: a) la absoluta diversidad
de poéticas; b) de acuerdo al auge de
lo “microsocial” y el “individualismo”,
la “vuelta al uno mismo”, la nueva
dramaturgia acentúa las variables de
lo autobiográfico, lo individual, lo
grupal o lo tribal, los dramaturgos ya no escriben
desde un discurso hegemónico internacional,
ya no se reúnen en la abstracción
de una superestructura sino que trabajan desde
la propia visión molecular, desde la
subjetividad individualista o de tribu; c) la
ausencia de dogmas o discursos totalizadores
previos que puedan ser “ilustrados”
con el texto dramático determina que
las construcción del sentido es “a
posterion” de la escritura (11);
d) resultado de la destemporalización,
se observa una relación paradójica
con la categoría estética e ideológica
de la nuevo. A la vez se cree en lo nuevo pero
“lo nuevo ha muerto”.
Los autores son conscientes de esa absoluta
libertad que les abre camino tanto para volver
a las tradiciones del pasado como para buscar
opciones inéditas a partir de los estímulos
más diferentes, locales o internacionales
(12).
(11)En
tanto no se esta ilustrando una certeza previa
ni la escritura se pone al servicio de un pensamiento
ya articulado racionalmente, los textos evidencian
un efecto de “oscurecimiento”, de
“opacidad”, que a veces llega al
hermetismo. Han desaparecido casi totalmente
o se ha “aligerado” (salvo en las
poéticas del “teatro tosco”)
la voluntad pedagógica del racionalismo,
la redundancia que todo lo aclara, la literalidad
evidente, el monologismo unívoco, el
lenguaje denotativo y escolar. El discurso teatral
se ha cargado de un impulso autorreferencial,
deja de ser vehículo de comunicación
directa y se autorreconoce como substancia,
se opaca, se vuelve sobre sí mismo.
(12)Para
ampliar estas observaciones, véase nuestro
“El canon de la multiplicidad”,
en El teatro laberinto. Ensayos sobre el teatro
argentino, Buenos Aires, Atuel, 1999, pp. 9-24
CANO,
PROPATO, ROSENBAUM, SPREGELBURD, TANTANIAN,
VERONESE; Teatro argentino, prólogo
de Jorge Dubatti, 2000, Libros de Tierra
Firme, Buenos Aires, Argentina.
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