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Editorial Nº 5

THEATRON

        El término teatro viene del griego –theatron-, que es un derivado del verbo theáomai –ver, contemplar.
        El público. El espectador. El misterio de la muchedumbre convertida en pueblo, según Víctor Hugo.
        No hay teatro sin público. Para que haya teatro es necesario, cuanto menos, un actor y un espectador en una situación de ficción, como sostiene Grotowski.
        El espectador completa la obra y entra en la representación e influye en ella.
        Por lo general, olvidamos este elemento constitutivo del teatro. Pero una obra de teatro se realiza para que otras personas la vean y la vivan, sin intermediario alguno. Y esa otra persona entra en el juego y participa, la modifica, la acompaña: la vive.
Y aplaude. Maravilla observar el aplauso. Puede ser festivo, espontáneo; puede ser de compromiso o ese otro aplauso que estalla unos segundos después del apagón porque ese espectador quedó conmovido y necesita ese lapso de tiempo para reaccionar.
       No nos olvidemos del público y de observarlo, porque completa la obra.
Y como dice Brecht en el epílogo de La buena persona de Sezuán: “Querido y respetable público, busquen un desenlace. Es preciso que haya uno adecuado, es preciso”.

CRÍTICA TEATRAL


 

 
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