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Editorial Nº 9

 

        En la cartelera teatral se está dando un fenómeno destacable que es la cantidad de obra de los grandes trágicos griegos del Siglo de Oro de Periclés que se están poniendo en escena.
Más allá de la celebración de los veinte siglos que se están cumpliendo esté año, que no es poca cosa, nos surge preguntarnos el por qué de la necesidad de hacer y ver estas obras.
Y lo cierto es que son clásicos y por lo tanto eternos y más aún han hablado del hombre y no es casual que surja en estos tiempos esa necesidad. Y es bueno. Puesto que vivimos en un mundo deshumanizado, donde se impone la sociedad de consumo, donde hablar de ética es molesto, volver a pensarnos, plantearnos los por qué y los para qué que nos proponen estas obras está muy bien, y es un signo que nos habla no sólo de que hay mucho por rescatar, sino de la importancia del teatro, de nuestro teatro independiente que apuesta a ello.
Juan David García Bacca, en su Introducción a La Poética de Aristóteles dice: “...cuando los afectos se libertan, descubren un original tipo de trato con la realidad que es el optativo, el de “ojalá”. Y ese peculiar deseo, que no es de lo real presente ni de lo necesariamente realizado o realizable, sino de lo que nos gustaría, de lo que optaría cada afecto de dejarle a él la faena de hacerse su universo, constituye una manera de orden estético...”
Que no sólo es aplicable al teatro, sino también a nuestras vidas, a nuestro mundo.
Bienvenidas, pues, estas obras que tenemos el placer de disfrutar.


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