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En
la cartelera teatral se está dando
un fenómeno destacable que es la
cantidad de obra de los grandes trágicos
griegos del Siglo de Oro de Periclés
que se están poniendo en escena.
Más allá de la celebración
de los veinte siglos que se están
cumpliendo esté año, que
no es poca cosa, nos surge preguntarnos
el por qué de la necesidad de hacer
y ver estas obras.
Y lo cierto es que son clásicos
y por lo tanto eternos y más aún
han hablado del hombre y no es casual
que surja en estos tiempos esa necesidad.
Y es bueno. Puesto que vivimos en un mundo
deshumanizado, donde se impone la sociedad
de consumo, donde hablar de ética
es molesto, volver a pensarnos, plantearnos
los por qué y los para qué
que nos proponen estas obras está
muy bien, y es un signo que nos habla
no sólo de que hay mucho por rescatar,
sino de la importancia del teatro, de
nuestro teatro independiente que apuesta
a ello.
Juan David García Bacca, en su
Introducción a La Poética
de Aristóteles dice: “...cuando
los afectos se libertan, descubren un
original tipo de trato con la realidad
que es el optativo, el de “ojalá”.
Y ese peculiar deseo, que no es de lo
real presente ni de lo necesariamente
realizado o realizable, sino de lo que
nos gustaría, de lo que optaría
cada afecto de dejarle a él la
faena de hacerse su universo, constituye
una manera de orden estético...”
Que no sólo es aplicable al teatro,
sino también a nuestras vidas,
a nuestro mundo.
Bienvenidas, pues, estas obras que tenemos
el placer de disfrutar.
CRÍTICA
TEATRAL |